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Crítica de AC/DC: Power Up

‘Power Up’: Encender, activar, aumentar la potencia. ¿Acaso no es una definición perfecta de lo que supone para mí, como para muchos millones de personas, la música de AC/DC?

Incluso en tiempos aciagos, el cosmos nos lanza destellos de luz: la banda de hard rock en activo más famosa del planeta -siempre imitada, nunca igualada- está de vuelta. Y lo hace con su acostumbrada pureza de argumentos, esa que le otorga el privilegio de ser uno de los pocos grupos a los que el gran grueso de los fanáticos del rock no les demanda que cambien la fórmula.

Hasta a un niño le bastarían los cinco segundos iniciales de “Realize”, con la entrada todos a una de la banda y el chillido de Brian Johnson, para reconocer a AC/DC al instante. A partir de ahí tu pie se moverá solo y tu cuello irá detrás siguiendo el firme ritmo de Phil Rudd con un sutil meneo. La sencillez de ingredientes de siempre, si el género es bueno, va a estar rico seguro.Quienes los menosprecian omiten, por pura ignorancia o con frustrada consciencia, lo fácil que es tocar AC/DC pero lo difícil que resulta hacer que te suene siquiera con la mitad del rollo que le imprimen ellos.



Menos es más, pero tampoco hace falta obcecarse con el minimalismo, y el trabajo de coros de “Rejection” es sensacional, acompañando con solera a la raspada voz de Johnson. Parte del mérito también para Brendan O’Brien, el productor, a la hora de fundir las pistas. “Shot in the Dark” está molón, y con la vitola de primer single, seguro que será fijo en los futuros conciertos del grupo, que cruzo los dedos y toco madera al mismo tiempo para que sean más pronto que tarde.

En una línea más melódica ya explorada en el pasado con, por ejemplo, “Money Talks”, se sitúa “Through the Mists of Time”. A la segunda escucha te sorprendes tarareándola ya y probablemente será otra de las más recordadas de ‘Power Up’. El riff principal de “Kick You When You’re Down” tiene un distintivo y agradecido aire sureño a lo peli de indios y vaqueros que oxigena el disco. Llegado el ecuador, los espacios en las estrofas de “Witch’s Spell” no me llenan, sin embargo, el estribillo es un certero tiro al blanco.

Pocas veces habrás escuchado a Brian cantar tan grave como en el comienzo de “Demon Fire”, un tema rápido, con el bajo de Cliff Williams pautando la intensidad, que recuerda a “Safe in New York City”. Frente a los artificiales fade out, el final con Angus Young correteando por el mástil. Si cierras los ojos visualizarás al guitarrista coronándolo con uno de sus saltitos. “Wild Reputation” tiene una onda a lo “Hard As A Rock”. Es el tema más corto del álbum, no llegando ni a los tres minutos, y se va en un santiamén para dar paso al contenido pero vigoroso “No Man’s Land”.



La rítmica de Stevie Young en “Systems Down” es más enrevesada de lo acostumbrado, y en algunos compases Cliff también se quita el corsé, dibujando al margen de las guitarras. Si mi oído no me falla, el sobrino de su tío pisa brevemente un pedal wah-wah antes del solo de “Money Shot”, lo cual no deja de ser noticia en el contexto de una canción de AC/DC. También se puede tildar de experimento la extraña conjunción de notas en el estribillo de “Code Red”, última de las doce canciones.

El pronóstico era incierto sabiendo que buena parte del material se había construido basándose en ideas inacabadas que Malcolm y Angus habían trabajado en el pasado, pero lejos de arrojarnos las sobras, estos abueletes se han enredado en los fogones del rock and roll para poner sobre la mesa un guiso bien apetitoso. No han olvidado la receta, no.

La entrada Crítica de AC/DC: Power Up se publicó primero en MariskalRock.com.

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