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Entrevista a David César, El Cómico Heavy: “Voy contra el estereotipo del heavy guarro, salido o simple que se ha vendido en alguna película”

Los días 15 de febrero y 15 de marzo son los que nos ofrecerán la posibilidad de asistir al nuevo espectáculo de David César, “El Cómico Heavy”, en el Pequeño Teatro Gran Vía de Madrid (entradas aquí). “Esto es un chistako” es el nombre del show que recorre plagado de humor la vida y obra de este cómico al que nos disponemos a conocer mejor con la entrevista realizada por Jason Cenador.

¿Cuánto de cómico dirías que puede llegar a ser el heavy metal, dejando aparte las bandas deliberadamente humorísticas?

“El mundo del heavy es un mundo donde lo que abunda es el buen rollo (si quitamos al Sherpa, que siempre está enfadado, risas). Se palpa en cada concierto, en cada local que pone música heavy rock.

Por tanto, son espacios donde el humor está en todas partes: desde los chascarrillos que se escuchan mientras te cachean en la puerta de un festival hasta en la cola para pedir cerveza. Los heavies tenemos un sentido del humor muy agudo.

En este sentido, el heavy metal goza de una buena salud cómica. Luego, cuando suena la música, nos ponemos más serios. Bueno, hacer headbanging tiene algo de cómico, las cosas como son”.

A todo esto, ¿eres consumidor de esas bandas humorísticas tales como Nanowarof Steel o Gigatrón?

“A los Gigatrón los he escuchado algo. Es muy difícil parodiar y a la vez ser respetado por el mundo al que parodias, y ellos lo han conseguido. Les podría escribir alguna letra. La de “Carry On” yo la tengo en plan: “Carrión… de Calatrava… Carrión… de Washington… Carrión… cuando haya un fiestón… ¡visita Carrión!”.

¿Qué es lo que más te inspira de la escena del rock y el metal para los gags de tus monólogos?

“A veces las pintas que llevamos, que no van en sintonía con la edad que padecemos ya. Cada uno que vista como quiera, pero la risa es algo que no se puede retener y hay muchas risas al ver ciertos looks.

Pero la mayor fuente de inspiración para mis chistes la encuentro en los conciertos y festivales, donde ocurren muchas cosas dignas de contar, como las movidas para ir al baño”.

No solo del heavy metal vive el hombre, ni siquiera el más heavy del planeta. ¿Qué otras facetas de la vida alimentan tus chistes?

“Efectivamente. Aunque hago chistes en el contexto del heavy y muy para heavies, también hay espacio para hacer humor sobre la infancia, el colegio, la pandemia, las relaciones de pareja o para meterse un poco con todo Cristo.

Sobre todo, intento ir en contra del estereotipo del heavy como un guarro, un salido o un simple. Cosa que se ha vendido en alguna película y que no se corresponde con la realidad”.

Los próximos días 15 de febrero y 15 de marzo estarás en el Pequeño Teatro Gran Vía de Madrid con la función “Esto es un chistako”. ¿Qué podemos esperar de ella sin que medien espoilers?

“Es un espectáculo donde repasaré mi vida (también la vida como cómico) desde que nazco hasta la actualidad, todo ello acompañado por verdaderos “chistakos” (risas), con algunos guiños al mundo del heavy acompañados también de todas las posibilidades técnicas que me ofrece un espacio tan chulo como el Pequeño Teatro Gran Vía: uso de proyecciones, música y sobre todo, buen rollo. Además, la peña se va a ir a su casa con un regalo muy metalero”.

¿Qué significa para ti llevar tu show a un lugar tan emblemático como la Gran Vía madrileña y qué puertas esperas que se te abran?

“La Gran Vía madrileña es nuestro Broadway ibérico. Poder llevar mi nuevo espectáculo allí me llena de orgullo y satisfacción (risas). Requiere una gran responsabilidad, porque hay que ofrecer un show a la altura del lugar.

La gente tiene que salir del teatro con la sensación de que ha merecido la pena y de que un show de comedia de estas características no lo vas a encontrar en cualquier sala. La visibilidad que te proporciona actuar allí es muy grande y espero, sobre todo, que el público hable muy bien de la experiencia. El resto vendrá después”.

¿En qué momento decides ser cómico y qué es lo que más dignifica esa profesión?

“Todo el que se sube al escenario y hace reír sabe que difícilmente podrá alejarse ya de este mundo. Es una droga muy fuerte. Tuve la suerte de que eso ocurriera la primera vez que lo hice y, desde entonces, no he parado de intentar mejorar.

La satisfacción que produce hacer reír a alguien, hacerle feliz, creo que sólo es comparable con la de ser estrella del rock. De hecho, siempre digo que los cómicos en realidad queremos ser estrellas de rock y nos tenemos que conformar con ser humoristas.

La dignidad viene de la honestidad con la que hagas tu trabajo: no copiar chistes de otros, no pisar a nadie por el camino y preocuparte porque todos los que vienen a verte disfruten más que tú y no al revés”.

Descubrir qué ha sido de la melena de David César también será parte del show

¿Qué pasa cuando uno cuenta un chiste y suenan los grillos del silencio que se hace en la sala? ¿Hay algún as en la manga?

“Vas al cuello ¿eh? (Risas) Cuando estás empezando y eso pasa no lo sabes gestionar. De hecho, muchos de nosotros nos planteamos no volver a subirnos a las tablas cuando eso ocurre. La sensación de “pinchar” (como lo llamamos) es terrible. Luego, la experiencia es un grado y aprendes a manejar el fracaso y a relativizar.

A mí me encanta especular con ello y trabajo mucho el recurso de “explicar los chistes”, darles muchas vueltas y reírme de mi propio chiste. Ese es el as en la manga que más saco a pasear cuando el chiste no funciona: que funcione mi forma de manejar ese trompazo en el escenario. A veces es lo más gracioso del show y no sé en qué posición me deja esto (risas)“.

¿Aspiras a participar como humorista en festivales de rock y metal, y te ofreces para ello?

“Tuve la suerte de presentar en el Sonorama a Luis Álvaro, que es un comicazo y un referente en la creación cómica. También estuve en los premios Rockferéndum de 2019, junto al gran Óscar Sancho (Lujuria), poniendo la nota de humor al evento.

Echo de menos que no haya un escenario de humor en algún festival como el Leyendas, el Rock Fest o el Resu. Así que desde aquí me ofrezco, no sólo a actuar, ¡sino a organizar un buen plantel de cómicos y cómicas que acompañen el volumen brutal del festival con un buen volumen de risas!”

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El nuevo proyecto de Mick Mars (Mötley Crüe) es “extraño, especial, genial y potente”

Adjetivos como “extraño, especial, genial y potente” podrían ser una buena descripción del guitarrista de Mötley Crüe, Mick Mars, al que John 5 ha sustituido de cara a la gira mundial que llegará este verano a Madrid, pero esas son las palabras con las que se ha etiquetado el nuevo proyecto de Mars.

De esta forma ha sido como el artista country rock Cory Marks se ha referido al nuevo material que ha podido escuchar de este nuevo proyecto que Mars tiene entre manos. Las redes de Cory Marks mostraron las imágenes y el relato del nuevo encuentro entre los dos músicos, que ya coincidieron profesionalmente para dar forma al tema “Outlaws & Outsiders” en 2019.

En las imágenes vemos a los dos guitarristas en el espectacular estudio de Mars el pasado sábado, 5 de febrero: “Pasé el sábado con uno de los cabrones más geniales, dulces, amables y con los pies en la tierra de este planeta al que tengo la suerte de llamar amigo.

Muchas historias y un montón de risas hablando de música, armas, aviones, guitarras, baterías, viajes, historias de carretera (él tiene unas más chulas que yo), salud, fitness, zombies, sexo, drogas y ¡rock and roll!

Ahora sé mucho más sobre Mötley Crüe, Slash, The Rolling Stones, Def Leppard y el único Ozzy Osbourne… Sí… Si te lo estás preguntando, Ozzy esnifó un montón de hormigas…

Sr. Mick Mars, gracias por invitarme y dejarme escuchar tu nuevo proyecto… que suena enorme. Al mundo del rock le espera algo extraño, especial, genial y potente.

Es surrealista entrar en tu estudio y que lo primero que vi fuera un disco de oro con mi cara y mi nombre en él encima de un montón de Marshalls apilados. Te enviaré un par más muy pronto.

No os sorprendáis si veis a Mars & Marks en más canciones juntos más adelante… Outlaws & Outsiders (forajidos y y marginados) para siempre”.

 

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En referencia a la gira mundial de Mötley Crüe, el auditorio Miguel Ríos de Rivas-Vaciamadrid será el escenario el 24 de junio del espectacular concierto que reunirá a Mötley Crüe y Def Leppard en nuestro país dentro del “The World Tour”. Puedes encontrar entradas a través de la propia web de Live Nation, la red Ticketmaster y El Corte Inglés.

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Crónica Micky Stoner + Intraperlo en Madrid: Atrevimiento sin complejos

Sin duda, un catalizador para progresar, ser uno mismo y hacer algo grande en el vasto universo de la música es carecer de complejos, no pensar en el qué dirán ni autoimponerse límites, márgenes, raíles sobre los que circular sin salirse. Los protagonistas de una velada de domingo de puente en Madrid van a por todas y no pierden el tiempo en darle más vueltas de las que tiene a nada que no sea su propia creatividad. Y en ese aspecto, más que darle vueltas, ponen patas arriba las concepciones preestablecidas. Y claro, disfrutan de ello como los niños en el parque cuando los padres se entretienen y no los vigilan.

Micky Stoner

En una alianza casi perfecta, el genuino y avezado solista valenciano Micky Stoner, heredero de las más carismáticas sonoridades de los setenta y los ochenta y declarado discípulo de David Bowie, se alió con Intraperlo, banda de su tierra cuya inenarrable versatilidad permitió a sus componentes acompañar su show sonando con una solvencia reluciente en esos terrenos tan influenciados por el rock clásico y el glam rock pretérito, y después marcarse su propio concierto en clave de rock urbano. Camaleónicos y eficaces.

Micky Stoner inauguró la gala, lastrada en lo respectivo a la afluencia de público por tratarse del último día de la semana y el último día también de un macropuente, tan volcado en su cometido como si ante sí tuviera el cámping del Festival de Woodstock. Tras el preceptivo bona nit, nos auguró una historia de gatitos para dar paso a la irresistible y magnética “Call It Kitty”, con un ánimo y un feeling que se trasladó a “Mad Little Town”, que cuenta con un riff principal de campeonato, y “Little Lover”, canción que, dijo, compuso hace cerca de 18 años y nunca ha sido publicado. De momento, porque hay cuerda para rato.

Sin que pesase en absoluto el largo periplo de una semana en la que se liaron la manta a la cabeza y se marcaron un doblete en O Barco de Valdeorras (Ourense) Micky y sus secuaces, de los que ya no espera separase, inundaban de energía y buenas vibraciones el escenario, y llegaron a hacer que los presentes nos agacháramos. Con su cercanía, calidez en escena y estrambóticos gestos de quien sabe que el foco se posa sobre su coronilla porque él lo vale, el cantante y también guitarrista nos tenía ganados.

La actuación prosiguió con “Crimson”, de la que recordó el laborioso videoclip de animación que realizó para ella, y cuya inspiración en Bowie, sí, pero también en Michael Jackson es irrebatible. Y qué bien arrima el ascua a su sardina, qué bien lo hace suyo.

Micky Stoner e Intraperlo

En un alarde de su versatilidad, enhebró Micky Stoner por primera vez el castellano a su propuesta en este directo echando mano de uno de sus últimos singles publicados en la lengua de Cervantes, “Circo del horror”, seguida del himno que es “Star of the Morning”, fino, delicioso, sofisticado y brillante; y de otro corte de lo más efectivo cuya melodía nos hizo cantar, “Before”.

Micky Stoner

No podía faltar a la cita una cover de David Bowie, y la elegida fue “Heroes”, para la que se subió un amigo de Micky e Intraperlo, David, a tocar el bajo con eficacia y una colocación del mástil tan elevada que a uno le vino a la cabeza la pose de John Petrucci, todo antes de que “Tocar el sol” pusiera el broche de oro a una actuación de diez en la que, además, el sonido de todos los instrumentos fue pulcro, rico y equilibrado.

No importaba que fuera domingo y que la hubieran pasado horas desde que la noche cayó en la ciudad de Madrid, pues teníamos por delante un intenso show de rock por disfrutar y no había lugar para el apalanque. Las ganas de recargar las baterías para el madrugón del día siguiente quedaron archivadas para disfrutar a fondo de Intraperlo, ahora sí, con su propio repertorio y ese rock urbano que desafía constantemente a los cánones del género, huyendo como de una casa en llamas del calco a sus innegables influencias.

Intraperlo

Decía Carlos, su líder, ataviado con un atuendo de lino que recordaba al de Robe en los viejos tiempos y unas mallas de arlequín, que habían venido a Madrid a probar suerte, y exhibió su profundo agradecimiento por el entusiasmo que, en primera instancia, brotaba ante ellos, mucho para, según él, “cuatro chavales que no son nada”. Pero nada más lejos de la realidad; son mucho, tienen la valentía de los que avanzan sin freno ni miedos, de quienes buscan trazar su propio camino con herramientas heredadas, sí, pero con su propio carácter, a su propia manera.

Intraperlo

Caer en lo previsible no es una opción para el conjunto valenciano, que con suma eficacia fue desgranando un repertorio principalmente focalizado en canciones de su próximo disco, ‘Tanta hambre el alma’, que verá la luz en marzo de 2023 y que reúne considerables papeletas para pegarle un buen revolcón al panorama del rock estatal.

Canciones como “Lombrices”, “El porqué de mi tiempo”, “La estrella” o “Jilgueros” convencieron a la primera, repletas de subidas, bajadas, estructuras que quiebran lo guionizado y cambios de tercio que transitan desde la aspereza del rock urbano aguerrido y con nervio hasta la hondura de algunos pasajes aflamencados, pasando por fases en las que la diversidad y la calidad instrumental de sus artífices salía a relucir y se pavoneaba ante nuestros tímpanos. No en vano, las guitarras sonaban trabajadas y el bajo adquiría un peso y una relevancia formidables, con algún que otro solo incluido, con agilidad y esbeltez. Sonaban directos sin ser simples, efectivos sin conformarse con lo elemental. Atrevidos, en definitiva.

Intraperlo

De su primer compacto también cayeron canciones como “BlaBlaBla TV”, una de esas canciones que hablan bien clarito, y “Canción de misa”, interpretada ya en el tiempo de descuento ante la insistencia, una vez saludaron y se despidieron, de que volvieran a la carga para alguna canción más. Cuando la presentó, Carlos comentó que viene de una familia extremadamente católica, y si eso fuera cierto, su letra bien atestigua que se salió del tiesto por completo para cosechar su propia concepción de la vida,  exactamente lo mismo que hace su banda, labrar su propia concepción del rock urbano. Y les sale bien.

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Alberto Rionda se reúne con Juan Lozano, cantante del primer disco de Avalanch, en Eterna y estrena el épico “Hijos de la soledad”

‘La llama eterna’ fue el título que Avalanch dio a su primer disco, el que llegaba ya con Alberto Rionda como guitarrista de la formación en 1997, cuatro años después de una primera grabación, ‘Ready to the Glory’, con la que el grupo daba sus primeros pasos con el vocalista Juan Lozano al frente. 25 años después del lanzamiento de ese primer y legendario disco, cantante y guitarrista han vuelto a unir sus caminos, y el épico single “Hijos de la soledad” es ya el primer fruto del flamante proyecto al que han llamado Eterna.

Tras el estreno en directo que se produjo sobre el escenario del festival Rueda Rock el pasado mes de octubre, ya tenemos el primer paso en forma de canción inédita de Eterna, banda que tal como aseguran sus creadores, tiene como objetivo “recuperar el espíritu y la esencia de aquel mítico álbum”.

La batería de Jorge Rodríguez y el bajo de Paulo Tchilibass completan la formación de Eterna, la que ha grabado “Hijos de la soledad”, y la que dará continuidad a esta reunión que nos permite volver a disfrutar de la inconfundible voz de Lozano y la genial guitarra de Rionda juntas de nuevo.

Un nuevo álbum y más conciertos están ya en el horizonte de Eterna, como confirman las palabras que acompañan al nuevo single y su correspondiente vídeo: “La idea es darle continuidad, por lo que estarán tocando en más ciudades y festivales, a la vez que planean la grabación de un álbum”.

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Crónica de Finntroll + Skálmöld + Brymir: Gloriosas epopeyas del norte sin prejuicios ni topicazos

Teníamos ganas, muchas ganas, de recibir a los trolls del metal, a una banda única en su especie que es capaz como ninguna de aunar luz y negrura, alegría y ferocidad en sus canciones. Finntroll es un grupo diferente, tal vez la banda que más lejos ha llegado sin patinar al combinar la oscuridad abrumadora del black y el death metal con melodías vivaces, divertidas y contagiosas. Su sonido encarna la dicotomía que precisamente se asocia a esas criaturas de los bosques escandinavos que tan pronto te machacan la cabeza y hacen de todo con tu cuerpo inerte como aparecen simpáticos en una tienda de suvenires de alguna ciudad septentrional.

Era día laborable y la sala se iba llenando de gente conforme avanzaba la actuación de los finlandeses Brymir, que han hecho de un death metal melódico ágil, reluciente y virtuosamente ejecutado con una perspectiva moderna y sin ocultar sus influencias de Children of Bodom, en particular en su época más colindante con el power metal, su razón de ser.

“Landfall”, “Forged in War”, “Fly With Me” y “Wings of Fire” son algunas de las canciones que interpretaron con la solvencia propia de una banda del más alto nivel que probablemente sería más grande y reconocida de haberse forjado diez años antes. No obstante, llevan más de quince en la palestra, once desde su primera zambullida discográfica, y eso se nota. Hay mucho futuro en ellos.

Bárbaro, muy bárbaro, y no solo por el fenotipo predominante entre los presentes sobre las tablas fue el show de los islandeses Skálmöld, un grupo que ha hecho de la genuinidad un manifiesto irrebatible para confrontar con aquellos que tienen la distorsionada concepción de que bajo el amplio y difuso paraguas del viking metal siempre hay bandas que se repiten como el ajo o calcan a los pioneros. Nada más lejos de la realidad.

El show del combo isleño gozó de un sonido espectacular con el que pudimos sacar punta a nuestro entusiasmo al sumergirnos en su sorprendente virtuosismo instrumental y sus formidables juegos de voces. No en vano, además de su frontman, Björgvin Sigurðsson, en la banda canta todo quisqui, exhibiendo un espectro fenomenal de voces guturales y limpias perfectamente acompasadas.

Un show de Skálmöld es una aventura fascinante en la que el incauto y el poco familiarizado con su ecléctica propuesta no pararán de sorprenderse. La banda es una locura que tiene de todo, desde riffs efectivos hasta evocadores momentos fe folk metal, desde melodías pegadizas y accesibles hasta travesías instrumentales imposibles, desde momentos atmosféricos hasta blast-beats asesinos. En un momento se parecen a Ensiferum, en otro a Iron Maiden, en otro a algún grupo de metal progresivo desprejuiciado y en otro a Moonsorrow. Y siguen siendo ellos, y siguen sonando con una solidez de banda capaz de encandilar a cualquier gran festival europeo.

“Nafri”, “Miðgarðsormur”, una “Niflheimur” cuyas guitarras afiladas coexistieron con un aura vikinga electrificada, algo similar a si la tropa de Ragnar hubiera metido los dedos en un enchufe; la apoteósica “Móri”, con un wall of death a instancias de la banda incluido, o la cambiante y coreadísima “Kvaðning” estuvieron entre los temas con los que Skálmöld selló en Madrid su matrícula de honor.

La imponente actuación de los islandeses por poco nos hace olvidar que las estrellas de la noche, de vuelta a Suomilandia, tenían orejas de troll y mucha energía que volcar sobre una audiencia francamente nutrida teniendo en cuenta que era un martes por la tarde cualquiera y hacia final de mes. Finntroll se ha ganado, por derecho propio, un lugar privilegiado en el corazón de los amantes del folk metal y de quienes disfrutamos sin prejuicios de la porosidad estilística que, frente a postulados trasnochados, el metal extremo puede ostentar. Lo cual no quiere decir que no disfrutemos de los clásicos más ortodoxos, todo sea dicho.

Dos cosas llamaron la atención al irrumpir Finntroll en escena. La primera, que el guitarrista de Skalmóld Baldur Ragnarsson (habrá nombre más vikingo) hacía doblete y sustituía a Routa, uno de los guitarristas de Finntroll, que durante varios días causaba baja en el tour. La segunda, la exasperante ausencia de un teclista, que se traducía en que buena parte de las líneas melódicas principales de las canciones, básicamente todos los elementos folkies y orquestales, estuvieran disparados. Entiendo que no todo el mundo es Eluveitie, que no todos pueden reproducir cada instrumento en cada concierto de cada gira, pero qué menos que disponer de un teclista que ejecute esas partes tan trascendentales en vivo. Demasiado disparado, demasiado para un directo.

Dicho lo cual y aplicada la suspensión de incredulidad, disfrutamos a pierna suelta de unos Finntroll que sonaron devastadores en su faceta más extrema, perfectamente acompasados y con un Vreth que siempre es garantía de espectáculo, actitud y voces guturales indestructibles, apabullantes.

“Att Döda Med en Sten”, perfectamente dedicable a algún que otro sujeto, abrió con inusitado brío un concierto que enseguida encontraría uno de sus puntos álgidos en la incompasiva y emocionante “Nedgång”, temazo demoledor en toda regla y único representante de ‘Ur Jordens Djup’, un álbum que, sinceramente, pienso que merece más protagonismo en sus repertorios. Nos recordaron luego que presentaban nuevo disco, ‘Vredesvävd’, y de él cayó “Ylaren” antes de que prosiguieran, impertérritos a la par que divertidos, con “Människopesten”, “Den Frusna Munnen” y “Solsagsan”, poderosa y divertida a rabiar.

Una insinuante intro sobre la que Vreth presentó al hacha de Skálmöld que cuajó otra actuación formidable como sustituto e hizo gala de una magnífica resistencia física, nos transportó a su primigenio álbum ‘Midnattens Widunder’ para que después acribillaran con “Svartberg”, sucedida por la divertidísima “Slaget vid Blodsälv”. Si alguien no ha visto el vídeo de YouTube con imágenes de Tom y Jerry y este temazo de sintonía, ya está tardando.

Sonaban gaviotas como si estuviéramos en los confines de Vigo antes de “Fiskarens Fiende”, clásico de su álbum más aclamado, ‘Nattfödd’, del que también extrajeron, tras hacer merecido hueco a “Ormfolk”, la propia “Nattfödd”, caviar de folk metal extremo introducida con abstracción por Vreth, y, cómo no, la celebradísima “Trollhammaren”. Saltos, algún que otro mosh y mucha felicidad a su son antes de que “Skodsdotter” y la trepidante “Mask” siguieran haciendo de ello un hervidero, especialmente la segunda, en la que la banda incitó al pogo sin que los aludidos defraudasen.

Ya en la recta final del concierto, “Under Bergets Rot” volvió a mostrarnos la cara más desenfadada y vivaracha de la banda, “Jaktens Tid” fue otra exhibición de nostalgia por parte de un grupo que renuncia a focalizarse en lo último aparcando lo pretérito (minipunto para ellos) y “Midvinderdraken” sellaba un concierto poderosísimo con grandes dosis de épica, brutalidad y diversión. La próxima, que sea pronto y que saquen del bosque al teclista como sea.

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Viajamos a Estocolmo (Suecia) para escuchar en primicia ‘Foregone’, el nuevo disco de In Flames: Un cóctel perfecto de todas sus épocas

El otoño es lúgubre en Escandinavia. Muy rápidamente, los días se hacen más cortos dando paso a lo que en Noruega conocen como mørketid, literalmente el tiempo oscuro. Seguramente haya algún apelativo similar para designarlo en sueco, pues cuando aterrizamos en el Aeropuerto de Arlanda, a media hora larga de Estocolmo, el día parecía en sus últimos estertores pese a que era la una y media pasadas de la tarde. Apenas dos horas después, caía la noche. ¿Habrá, acaso, pretexto más favorable para escuchar en primicia lo nuevo de In Flames? POR JASON CENADOR.

Portada de ‘Foregone’, el nuevo álbum de In Flames

Quien firma estas líneas tuvo el privilegio de llenar sus oídos con uno de los álbumes más completos, pulidos y emocionantes de la ya dilatada trayectoria de la banda surgida en Gotemburgo en 1990 como punta de lanza de la venerable escuela del death metal melódico sueco, si bien sus dos piedras angulares y miembros más longevos a día de hoy, el vocalista Anders Fridén y el guitarrista Björn Gelotte, se incorporaron a la banda en 1995, hace ya la friolera de 27 años.  Con el primero de ellos nos reuniríamos al día siguiente para una jugosísima entrevista que podrás leer en el número de febrero de la revista La Heavy. ¡Permanece atento!

Antes de prestar privilegiada escucha a ‘Foregone’ varios meses antes de su lanzamiento, previsto para el 10 de febrero de 2023, los periodistas internacionales citados en la capital sueca por el sello Nuclear Blast fuimos invitados a una escape room un tanto enrevesada ambientada en una suerte de turbio psiquiátrico subterráneo y con múltiples referencias a In Flames en sus acertijos. Su temática giraba en torno al tiempo, precisamente el concepto sobre el que orbita un disco que reflexiona sobre su transcurso y el final inevitable para todos y todas. La muerte como denominador común, como ente igualador, como sombra al final de un túnel cuyo recorrido hay que exprimir hasta las últimas consecuencias.

Nuestra copita de hidromiel, cortesía del restaurante vikingo

En aras de ese carpe diem, fuimos luego conducidos a un restaurante vikingo de nombre Aifur sito en la ciudad vieja de Estocolmo, en el que pudimos degustar delicias de aquellas latitudes en un entorno que nos llevaba diez siglos atrás y servidas por un personal ataviado de época. Un simpático vikingo anunciaba la entrada al salón de los comensales según iban llegando tocando el cuerno y con presentaciones de lo más pintoresco. Definitivamente, estábamos en el norte.

Recorriendo amplias avenidas flanqueadas de edificios altos y señoriales – Estocolmo es la mayor de las ciudades escandinavas y la segunda ciudad más grande a orillas del Báltico tras San Petersburgo –, arribamos a las oficina de Warner Music en Suecia, donde pudimos desfrutar plenamente de un disco que se presta mucho a ello, a ser disfrutado de principio a fin, a no dejar ni un instante que el oyente caiga en la monotonía o en la indiferencia. En ‘Foregone’ uno nunca sabe qué esperar a la vuelta de la esquina, por dónde saldrá la banda en la siguiente canción.

Ander Fridén (In Flames) con Jason Cenador

Una de las mayores bazas que tiene In Flames en este álbum es que, juegue la carta que juegue, ganará la partida tanto frente a los adoradores de su época más primigenia como ante los que prefieran los álbumes a partir de ‘Reroute to Remain’, punto de inflexión hacia una evolución estilística que diversificó su sonido aproximándolo mucho más al metal alternativo sin perder por ello fiereza y melodía. Ese dejarse llevar, ese ímpetu por no limitar las inquietudes sino potenciarlas y ponerlas al servicio de las canciones sin diques de contención, no hizo sino propulsar mucho más la banda hacia un pináculo del que los cambios de formación y los recelos de algunos segmentos de su audiencia no les han movido.

Ahora, todos los ingredientes de un buen disco de In Flames están sobre la mesa: hay momentos de death metal melódico que acribillan con desaforada agresividad, tiempo para lo introspectivo, fases de más ortodoxia y crudeza, y pasajes de cariz más contemporáneo.

El primer tema que despunta bajo la vistosa portada protagonizada por un misterioso y oscuro personaje encapuchado con garras como manos sosteniendo cuatro relojes con una de ellas no podía tener un título más definitorio del sentido temático del trabajo, ‘The Beginning of All the Things that Will End”. Se trata de una intro protagonizada por una intensa y cadenciosa melodía de guitarra acústica, recurso muy bien encajado en diferentes fases de todo el disco, sobre un colchón de violonchelo. El bello movimiento instrumental se adhiere a nuestra mente como si pretendiese curtirla para lo que se desencadena a continuación, un “State of Slow Decay” que es uno de los singles ya conocidos y que atruena con un poderoso torrente de guitarras empapadas de melodeath, baterías fulminantes y unas abrasivas voces guturales de Fridén que en el estribillo se tornan melódicas, profundas y accesibles. Será muy coreada en vivo.

El testigo lo toma “Meet You Maker”, de nuevo severa y bruta en su comienzo con un punch muy groove y una naturaleza eminentemente densa, corrosiva y pesada. La versatilidad vocal del frontman de la banda de nuevo marca irremisiblemente su devenir cuando las voces agrietadas, encarnizadas, se tornan melódicas sobre el mismo sustrato rítmico desembocando luego en un estribillo de metal moderno con un importante recubrimiento emocional. Relucen en este corte, como en tantos otros del disco, el momento de solos de guitarra, demostrando lo bien que le ha sentado al grupo la incorporación del Chris Broderick, cuyas seis cuerdas se baten en relucientes duelos con las de Björn Gelotte. Es, de hecho, el debut del exguitarrista de Megadeth en un álbum del combo sueco.

Todavía más apegada al groove metal actual hallamos a “Bleeding Out”, en la que espesor impenetrable vuelve a coexistir con melodías aguerridas y con feeling, como si el agua y el aceite se mezclasen. En este tema de robusto metal alternativo nos encontramos a unos In Flames exprimiendo el jugo de su vertiente más expresiva y versátil, facetas a las que han sacado ostensible partido en este disco. Hay cambios de rumbo, guitarras virtuosas y tanto poderío como emotividad.

Una de las cotas álgidas del álbum llega con las ya divulgadas como adelantos primera y segunda parte de “Foregone”. La primera es un cañonazo inapelable de death metal melódico con blast beats, voces demoledoras y guitarras certeras y afiladísimas que también, por supuesto, respiran con virtuosos punteos melódicos y, esporádicamente, coexisten con caricias acústicas antes de un nuevo mazazo de alto voltaje. La segunda es una de las composiciones más profundas y evocadoras de In Flames, con un ramalazo épico y un poso folk de lo más interesante en su plano melódico. Desprende fuerza emocional, melancolía y desgarro que termina por horadarnos el alma. Un temazo de subidas y bajadas, de arrebatos y contención, de melodías magistrales que es la pura demostración que han labrado sus triunfos sobre los surcos de una diversidad que no reniega de nada anterior.

La segunda mitad del álbum fue acogida si cabe con más entusiasmo por parte del selecto grupo de periodistas presentes en la sala, y echaba a antar con “Pure Light of Mind”, la canción más colindante con el metal alternativo de las que expelieron los altavoces hasta el momento. Su estribillo es pegadizo y accesible, su estrofa a medio tiempo y la voz aguda de un Anders Fridén que nos reconoció que aprovechó el impasse pandémico para entrenar más ese aspecto con clases incluidas marcan un corte con pocas asperezas y mucha intención en el que emerge al primer plano la camaleónica naturaleza del grupo.

“The Great Deceiver” es la última del tracklist que ya conocíamos cuando catamos las mieles de ‘Foregone’, un tema cien por cien In Flames en su dimensión más agresiva, con doblajes de guitarra sobre coléricas voces marca de la casa. Un disparo con puntería, bien armado y sin posibilidad de error al engatillar guitarras sensacionales en todos los aspectos (cómo suenan a veces a los novena, madre mía), desenfreno y mucha pegada.

Terca, ruda y pesada comienza “In the Dark”, un torbellino de groove metal cáustico, salvaje, con una proclama que se le queda a uno en la mente: “This is a war, no one will win it!”. De repente, esa devastación se disuelven en unas lúcidas guitarras acústicas sobre las que Anders canta más agudo y transparente que nunca, adentrándonos en una fase muchísimo más melodiosa y al mismo tiempo efectiva. Las guitarras vuelven a ser absolutamente increíbles en una de las mejores piezas de todo el álbum, que a ratos llegó incluso a traerme a la cabeza a mis bien amados Into Eternity.

De vuelta a los In Flames más modernetes, “A Dialogue in b Flat Minor” parece vestirse con ropa norteamericana, aunque a ratos pega fuego a la camiseta de básquet y vuelve a cubrirse de severidad y rotunda agresividad sonora. La fórmula de base robusta y voces melódicas sobre ella le sienta bien, aunque cuando en la recta final se perfuma de guitarras acústicas adquiere un aroma diferente y especial.

El bajo es prominente en “Cynosure”, penúltimo tema del álbum y de los más digeribles y coreables. Las líneas vocales son luminosas, el estribillo se presta al “sing along” sobre una base más liviana, que no sencilla. De hecho, un punto que no podemos obviar de este trabajo es el impresionante desempeño de Tanner Wayne a las baquetas, todo un portento, un pulpo tras los tambores. Devastación y finura en una montaña rusa de percusiones elaboradísimas.

Cierra el disco “End of Transmission” recuperando, ahora sí que sí, el sonido más demoledor, encarnizado y avasallador, con Anders incendiando su garganta para desplegar todo el ancho de su registro, desde las guturales más asesinas a las melódicas más efectivas, todo en el marco de un corte ponderado, eficiente y emocionante que resulta en perfecto broche de oro a un disco sobresaliente.

Que In Flames vuelve a la carga con uno de sus mejores discos es la mejor noticia que pudimos traernos de vuelta de nuestro periplo por Estocolmo, junto con la interesantísima conversación con Anders Fridén que divulgaremos en La Heavy de febrero de 2023, el mismo que en su día 10 verá la salida del álbum. Desde esta tribuna, gracias a la banda, a Nuclear Blast y, cómo no, a nuestros entrañables compañeros de profesión por hacer tan estupenda nuestra fugaz pero productiva experiencia en esa ciudad imponente de edificios elegantes, anchas avenidas e irremediables reminiscencias al Ikea bajo el frío y la oscuridad del otoño.

Jason Cenador, con Estocolmo a sus espaldas después de haber desayunado köttbullar y haber departido con Anders Fridén

In Flames, esta semana de gira en España:

PARA LEER MÁS:

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Crónica de Impostores + Señor Legendario en Madrid: Muerden por dentro, brillan por fuera

Se hacen llamar Impostores, pero sus canciones desbordan de verdad, honestidad y alma, mucha alma fundida con un rock fresco, adictivo y emocionante que desprende luminosidad desde una parcela sonora propia y con una ornamentación que la diferencia de cualquier otra que haya pisado un grupo de nuestro país.

Impostores

Ellos ajardinan sus composiciones a su manera, con esas melodías memorables, ese sentimiento a flor de piel y ese violín, el dichoso violín, que tanto aporta a su personalidad. Y cuando exponen sus creaciones, se engalanan de engalanan de actitud y no dejan en el baúl ningún atuendo de banda grande, profesional y cohesionada.

Se puede sonar diferente sin inventar la rueda, reconocible sin perder un ápice de naturalidad, convincente sin pasar noches en vela sopesando las peroratas. El secreto está en el talento, y los madrileños tienen para dar y tomar.

En la sala El Elefante Blanco de Madrid, un local cuyos propietarios deberían de observar mucha más ética a la hora de tratar a los artistas que en él actúan (problemas de sonido constantes e ineficacia al abordarlos, faltas de puntualidad injustificable, posibilidad de que haya quien entra sin entrada por el abandono de la puerta…), la populosa banda – son siete – abarrotaron el escenario y el público abarrotó el resto del local para, con todo, exprimir los minutos de una velada de rock and roll en nuestro idioma digna de repetirse en emplazamientos más agradecidos. Escenarios de mayor entidad e incluso festivales de renombre no tardarán en colgar el telón de Impostores. O no deberían.

Señor Legendario

Rompieron el hielo, no obstante, los también capitalinos Señor Legendario, que, además de un nombre genial y entrañable, practican un buen rock and roll asequible, fluido y efectivo con la amenidad como pretensión de cabecera. Varios de ellos portaban camisetas de Pink Floyd, aunque en sus canciones, diversas entre sí, accesibles y coreables, más bien tornaban furtivamente la vista hacia The Beatles o The Byrds, cantando, eso sí, en castellano y con algún deje más cabaretero en algunas y más hardrockero en otras.

Canciones como “Cómo vivir”, “El mundo está cambiando”, “Comedor de pizza”, “Vivir sin miedo” o “Miedo de ti” colorearon un repertorio generoso defendido sin alardes ni decaimiento durante un concierto agradable en el que Gus Guzmán, líder de Impostores, también participó cantando un tema.

Impostores

Las expectativas de un público que daba un magnífico ambiente a la sala estaban por las nubes cuando, al fin, los siete componentes de Impostores ocupaban un escenario en el que interactuaron entre ellos y se movieron tanto como la física permitía, dejando entrever lo mucho que disfrutan bajo los focos y lo dinámica que es la banda en directo cuando el tablado lo permite. Si en sitios pequeños son como leones enjaulados sin dejar de disfrutar al máximo, parece seguro que ningún escenario se les quedaría grande.

Cortaron la cinta inaugural de su actuación, curiosamente, echando la vista hacia su primer disco, cuando todavía se hacían llamar Güs y los Impostores, aunque incluso en la carátula que se muestra en plataformas prevalece ahora la actual denominación. De él desentrañaron “Mi última canción”, tema que le da título, para después escarbar más en el pasado y echar mano de “Chica Rock”, corte de la primera etapa del propio Gus en solitario.

“Aguas turbulentas”, de nuevo del primer cedé, funcionó como la canción insigne que es para la banda y sus acólitos, y en ella invitaron a Sergio Gómez (Calibre 91) a cantar junto al dedicado frontman, que portaba una vistosísima guitarra electroacústica, una de las tres lustrosas herramientas de seis cuerdas que había en escena. Sí, llevan tres guitarras, como los mismísimos Maiden, y ninguna de ellas sobra.

Agradeció entonces Gus al personal que siguiera apostando por la música en directo, para después acometer la marchosa y contagiosa “L.A.”, sucedida por una preciosa y conmovedora “Mi lado humano”, en la que Toñín, primer bajista de la banda, fue el invitado para doblar con su voz la de Gus como en la canción original hace Ana Jiménez. Liviana y penetrante, cuajó de maravilla, como también hizo después la efectiva “Números 1”, dedicada a los niños y su resistencia en lo más crudo de la pandemia, cuando no podían jugar fuera de casa sin entender bien todo lo que sucedía. Una niña que había en el público encarnó el protagonismo de esa dedicatoria y se lo pasó yupi en primera fila con ella. Qué bien que un número en un cartón ya no determine si uno puede disfrutar o no de la cultura en vivo.

El ambiente era un hervidero ante una banda agradecida por la respuesta, y el público coreaba el nombre de la banda, cuyos componentes estaban en su salsa, bromeando y exprimiendo cada segundo. Las irregularidades del sonido de la sala no iban a amargarles ni un ápice tan dulce trago.

Siguieron desgranando su fenomenal segundo álbum, ‘Ley seca’, que lleva meses a la venta físicamente y el 2 de diciembre estará en entero en todas las plataformas, con “Al otro lado”, seguida de “Londres” y “Decisión equivocada”, en la que el siempre certero guitarrista Juanfran Gómez bajó del escenario y se mezcló con la muchedumbre. La agitada “Sin control” fue luego pretexto para que también se animaran a tocar entre la gente el propio Gus y violinista Sergio Trujillo, cuyas melodías enriquecen cada canción más que un cargamento de Avecrem.

El discurso de Gus se tornó serio, y no era para menos, a la hora de dedicar la siguiente en liza, una estremecedora “Defiéndete”, a las mujeres de Irán que luchan por su libertad y a las víctimas de la violencia de género. “No nos olvidemos que eso existe aunque hay algunos hijos de puta que digan que no”, subrayó Gus.

Impostores

El punto álgido de la velada llegó con los dos mayores himnos del nuevo disco seguidos, uno detrás de otro. “¿Cuántos se saben “Ley seca”?”, preguntó Gus, y la respuesta no pudo ser más inequívoca, con una audiencia entregada cantando a capela junto a él el estribillo antes de que encarasen con la solvencia de los grandes un himno irresistible que contribuye a que el disco al que le da nombre sea uno de los mejores de este año 2022 en el universo del rock estatal. Justo después, el que probablemente sea el corte más monumental del trabajo, un “Muerdes por dentro” que eriza el bello también en directo y que desata un tsunami de emociones que no hay dique que lo contenga. Increíble.

Sobre el mundo digital que nos rodea y nos absorbe, probablemente mucho más de lo deseable, versa “Westworld”, con la que se asomaron a la recta final de la gala, si bien aún había tiempo para brindar con chupitos en escena (aquello era una fiesta) y presentar a todos los involucrados.

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La exultante “Antes quemado que apagado” portó consigo la dedicación al ciclista paralímpico campeón del mundo Gonzalo García Abella, todo un ejemplo de tesón y superación, junto a quien cantó Gus un estribillo fenomenal. Acto seguido, “Bonnie & Clyde” y “Cada noche” ponían el broche de oro a un concierto de un grupo que tiene todas las papeletas para ser grande, pero grande de verdad, más pronto que tarde. Os acordaréis de esta crónica igual que nosotros nos acordaremos siempre de aquella noche.

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Entrevista a The Electric Alley: “Queremos seguir peleando, tenemos el cuchillo en la boca y las flechas preparadas”

Son sin duda una de las bandas con mayor proyección internacional de nuestro país. Con su reciente y extraordinario cuarto disco, ‘Apache’, los gaditanos The Electric Alley han dado un salto de calidad sin precedentes. Andrés Brotons charló con el vocalista y guitarra de la banda, Jaime Moreno, donde le adelantó que liderarán el V Festival Almazarock, que se celebrará en Mazarrón en diciembre, así como que ya están preparando su inminente nueva gira europea.

Ante todo, felicidades por este nuevo disco, Jaime. Me gustaría que me contaras cómo se empieza a gestar este cuarto disco de la banda, ‘Apache’, porque tengo entendido que ha sido un proceso muy largo y que ha sido grabado en tres sitios.

“Sí, exacto. Pues mira, ha sido un poco un follón, porque empezamos a grabar el disco en el año 2019, es decir, a maquetarlo en la pre-pandemia. Habíamos conseguido un buen contrato discográfico, cuando ya no teníamos ningún tipo de fe, con un sello que se creó precisamente en ese año, para dar un empujón y un lanzamiento a ciertos artistas que teníamos relaciones con la editorial de la plataforma Movistar. Entonces ellos sacan este sello, hay un grupo de currantes en la plataforma que cree bastante en la música underground, y eligen unos cuantos artistas para lanzar el sello. Nos dan un buen contrato, tienen buenas condiciones económicas y empezamos a grabar el disco en el Estudio Uno de Colmenar Viejo. Esto se va distanciando a lo largo de los meses, y nos enteramos de que la gente de Movistar no quiere continuar con el sello, porque tiene que hacer una serie de recortes, y como el sello era un proyecto nuevo, deciden terminar con él.

Y esto ha sido resumiendo mucho y hablando rápido, porque han ocurrido mogollón de cosas. Tras esto del sello, el presupuesto obviamente se diezma y nosotros ni siquiera habíamos terminado de grabar el disco. Por lo tanto, recalculamos, volvemos a grabar otras canciones, añadimos otras canciones al proyecto y lo tiramos hacia adelante como podemos, que ha sido grabándolo entre Jerez y el Puerto de Santa María. Lo hemos producido nosotros y hemos tenido la compañía en Madrid del productor Will Maya, que hizo algún disco de The Answer. El resto del disco lo ha currado Rafa Camisón en Estudio 79 en Jerez, y una canción la ha hecho Juan Antonio Mateo en Grabaciones Sumergidas, en el Puerto de Santa María”.

¿Y cómo ha sido finalmente la edición del disco? ¿Lo habéis hecho con algún “crowdfunding” como en alguna ocasión anterior?

“No, al final hemos hecho muchos conciertos desde que terminamos de grabar y hemos conseguido pasta para una inversión. Hemos creado un sello y estamos haciéndolo todo bajo el paraguas de esta pequeña entidad que hemos formado, porque no nos ha quedado otra opción, y hemos decidido lanzarlo de esa manera”.

Tengo que reconocer que yo soy neófito de la banda, ya que os he descubierto recientemente, por eso tenía interés en entrevistaros, pues me ha impactado mucho este nuevo lanzamiento. Por eso, para la gente que está en mi situación, me gustaría que nos hicieseis un breve resumen de vuestra trayectoria, pues me consta que habéis sacado tres discos anteriores, comenzando vuestra historia alrededor del 2012. ¿Cómo se formó la banda? ¿Ha habido muchos cambios de componentes desde su creación?

“Genial y gracias por lo que dices de nuestro disco. Te cuento un poco por encima: Como tú bien dices, nos formamos en 2012. Estábamos Nando y yo, que somos los que ideamos el proyecto, el guitarrista y yo; y empezamos a trabajar en canciones que siempre habíamos querido hacer juntos, porque siempre nos había gustado hacer rock enfocado en los 70 y 80 y queríamos hacer un proyecto juntos. Nando venía de otras cosas y yo también, por lo que empezamos a hacer esas canciones a modo de maqueta, sin ninguna pretensión, sólo divertirnos y enseñárselas a los colegas.

Continuamos haciendo más temas y lo que decidimos fue que teníamos que presentarnos a algún concurso para ver si conseguíamos dinero para grabar el primer disco. De hecho, no teníamos ni batería ni bajista. Así que, ganamos unos cuantos concursos gracias a esas maquetas, conseguimos pasta, y grabamos el primer disco, lo autoproducimos y salió ese primer lanzamiento, “Backward States of Society”, donde tuvimos la fortuna de enganchar con Movistar. Ésta tenía las primeras plataformas y firmamos un contrato editorial por el que les compartimos cinco de las canciones de ese primer disco y que fueron sonando entre 2014 y 2015, veinticuatro horas durante siete días a la semana, en el canal de Fórmula 1.

Eso nos anima mucho a seguir tocando, porque claro, el producto estaba ahí pero ahora había que difundirlo. Empezamos a hablar con compañeros, contamos con Rafa, que es el batería actual y con Sergio, que es el bajista. Formamos la banda y comenzamos a dar conciertos y acto seguido, nos pusimos a componer otro disco juntos como banda, ‘Get Electrified!’. Con éste, en cierto modo, nos consolidamos como banda e hicimos nuestra primera gira europea de la mano de Teenage Head Music. También tuvimos la suerte de componer una canción, “A Lonely Sun Story”, que cierra ese segundo disco y que formaba parte de la banda sonora de un cortometraje que estuvo nominado a los premios Goya.

Con el mismo tema estuvimos nominados a los Premios Asecan del Cine Andaluz. Entonces eso fue un gran empujón para salir a Europa por primera vez, con la furgoneta, donde dimos bastantes conciertos y por lo tanto ahí nos consolidamos un poco más como banda, desde el 2015 al 2017, aproximadamente. Ya en el 2018 nos pusimos a hacer ‘Turning Wheels’, que es el tercer álbum, y que se publicó a finales de ese mismo año, presentándolo en la segunda gira europea.

También dimos un saltito a Reino Unido, y con eso, seguimos trabajando con la editorial, que nos seguía promocionando canciones en documentales y proyectos similares de la producción de Movistar. El colofón fue la grabación del disco y la firma de un contrato discográfico, que al final ha sido el fin de nuestra relación discográfica con ellos porque como te contaba al principio, tal y como lo han abierto, han acabado cerrando el sello. Y bueno, esa ha sido un poco nuestra trayectoria hablando mal y pronto, pero aquí seguimos. Además, con ‘Apache’ estamos programando otra gira europea y la vamos a hacer el año que viene con la misma agencia”.

Entiendo entonces que este nuevo disco autoeditado lo estáis vendiendo ahora mismo en vuestra página web.

“Sí, de hecho, los cuatro discos son autoediciones realmente, solamente hemos tenido este amago de sello, que si no ha salido, sería por algo…”

¿Tenéis alguna colaboración en este ‘Apache’?

“Realmente teníamos alguna cosa entre manos, pues había algún proyecto que entraba dentro del presupuesto de Movistar y estuvimos en conversaciones con Carlos Raya para ver si podíamos llegar para producir algo o hacer alguna colaboración. Él es muy fan de la banda, siempre nos apoya mucho, pero al final no se pudo porque estuvimos teniendo muchos problemas en la grabación con el presupuesto. Entonces decidimos que no íbamos a parar y cuando fuera oportuno, ya intentaríamos hacer lo que fuera. Pero vamos, somos colegas y seguro que en algún momento se dará esa colaboración”.

Volvamos al presente de lo que es este nuevo disco. Lo que más me ha llamado la atención del mismo es cómo habéis cuidado las armonías y melodías de las canciones, algo que se echa más en falta en el hard rock más puro de algunas bandas actuales. Se extrañan en algunas bandas mejores composiciones, y en vuestro caso no es así, las cuidáis muchísimo. Por eso, lo que más me ha impactado de este nuevo disco es el triplete inicial con esos tres primeros temas tan directos, y que te entran a la primera. Si te parece vamos a ir comentándolos: ¿Qué me puedes decir del tema de apertura que además da título al álbum, “Apache”?

“Es una canción que fue concebida en castellano. No iba a formar parte de este proyecto, porque tanto ésta como “Hurricane” fueron dos canciones escritas en español. La situación y la evolución de los acontecimientos nos hizo plantearnos la posibilidad de introducir estas canciones en el tracklist de este disco, así que lo que hicimos fue empezar a ensayarlas, pues ya venían maquetadas, porque básicamente iban a formar parte de ese proyecto mío en solitario, así que las maquetamos, las propuse, Nando me propuso así mismo una serie de arreglos, y una vez que las tocamos entre todos y vimos que funcionaban tan bien, directamente fueron absorbidas por la banda como parte de este nuevo disco.

Así, “Apache” es una canción que nace de la rabia de que inicialmente teníamos un proyecto bastante ambicioso como te he contado, con unas condiciones tan buenas como si estuviéramos en los 90 y que de repente se desvaneció. Por eso nos sentíamos como un pueblo que había sido desterrado, sentíamos como que nos han pasado por encima. En ese sentido, también es lo que le pasa al hard rock en este país, pero nosotros queremos seguir peleando, tenemos el cuchillo en la boca y las flechas preparadas, de ahí el título del disco”.

“Hurricane” es el primer single y video de presentación del disco, un tema con mucha garra. Me ha parecido que tiene un rollo muy a lo Thin Lizzy con esas guitarras armónicas tan melódicas, e incluso guarda también similitud con el proyecto paralelo que ideó el clásico guitarrista de esa banda, Scott Gorham, los Black Star Riders. Musicalmente es una pieza que suena muy optimista.

“Sí, es una canción como tú dices, que comienza con garra, con acordes menores, y es verdad que el estribillo culmina en mayores, dando la sensación de ese toque de optimismo, pero sólo musicalmente, porque líricamente la letra es un ultimátum a la vida, como decir: “Quise sentir el rugido interno del huracán y me metí en él para realmente sentir lo que era”. Vamos, lo que es estar en el ojo del huracán y volverte loco cuando las cosas no funcionan, o cuando hay alguien a quien pierdes. Es como ver el lado malo de la vida y el cómo poder darle la vuelta.

Entonces, sí, con “Hurricane” hemos querido un poco resumir todo lo que nos estaba pasando últimamente en la era “pre-Apache”, y creo que lo conseguimos. Es una de las canciones que más nos molaba y por eso la editamos como single e hicimos el video en directo. Porque el audio del videoclip no es el mismo que el del disco, es una sesión grabada en directo. También tenemos otros videos que iremos lanzando de esas mismas sesiones. La verdad es que estuvo muy guay, porque al no ser del mismo disco, el sonido es bastante orgánico y real, no tiene mucha postproducción”.

“”One Lasting Light” habla de la brevedad de la vida, de los instantes que podemos pasar con las personas a las que queremos y los que nos ayudan a buscar ese instante de luz que nos hace ser más positivos y creer en el rock & roll”

El tercer tema del disco sí que desborda optimismo sólo con su título, “One Lasting Light”.

“Sí, es una canción que compusimos a la par que “Hurricane”, y ésta quizás sí que es un poco más optimista, porque ahí sí que vamos buscando esa luz imperecedera. Estamos hablando de la brevedad de la vida, de los instantes que podemos pasar con las personas a las que queremos y los que nos ayudan a buscar ese instante de luz que nos hace ser más positivos y creer en el rock & roll”.

Tras esos tres primeros trallazos, llega un tema más calmado, y, como dijo el compañero Javier Pérez, que hizo la crítica del disco en esta web, con un sonido heredero de The Black Crowes. Añadiría también que tiene guiños a los Stones y a Lynyrd Skynyrd, con ese toque acústico sureño. ¿Qué opinas?

“Pues “What’s Going On” es una canción que nació inicialmente en una jam session. Estábamos preparando un set íntegramente acústico y nació directamente de ahí, intentando crear algo parecido a esas canciones acústicas, con un guiño a Aerosmith y a ese tipo de bandas que hicieron grandes baladas por aquel entonces. También nos acercamos un poco a ese toque sureño que tú comentas de bandas como las que mencionas u otras más contemporáneas como Blackberry Smoke, que a nosotros nos han influido tanto. Entonces sí, esas melodías hemos intentado trabajarlas con guitarras acústicas y nos ha salido esa canción que nos encanta también”.

Seguimos con “Fireworks”, que es otro medio tiempo súper intenso en el que cantas también con una pasión desbordante. Me parece de lo mejorcito del disco. ¿Cómo se concibió esta joya?

“Sí, a mí también me flipa. Es un tema que de alguna manera nace de un blues, pues estábamos haciendo una jam y surgió ese riff, lo insertamos y vimos que el riff funcionaba perfectamente y que teníamos un buen estribillo. Yo creo que al final las diez canciones de este disco tienen una fórmula, y es que hemos intentado hacer temas que pudieran ser de cualquier estilo, y después nos lo hemos llevado al nuestro. Eso pasa mucho con este “Fireworks”, pues la canción podría ser perfectamente de Adele si la tocas a piano, mientras que si le metes el riff que tiene y demás puede ser quizás una canción más “purpleliana”. Y eso es lo que hemos buscado en general en el disco: que fueran canciones que no importara cuál fuese el sello que le estuviéramos imprimiendo, y que se pudieran tocar de cualquier manera y fueran fácilmente adaptables”.

Antes me mencionabas a Aerosmith, y creo que “Writting On The Wall” tiene también reminiscencias a esos Aerosmith más setenteros.

“Sí. En este tema se da también lo que me comentabas antes de las armonías vocales, lo hemos comentado mucho en el mismo. Somos muy amantes de las voces, de hecho, yo estoy intentando siempre que todos los componentes canten y seguir aprendiendo en cuanto a armonía y en cuanto a evolución de las canciones, y esta canción es nuevamente muy del estilo de las de Aerosmith o Black Crowes”.

“Ese punto de velocidad y de garra al disco que creemos que era necesario, pues le hace parecer más a las flechas del indio que al indio en sí”

Rizando el rizo, tanto “All the Way” como “Son of a Gun” también tienen ese sonido setentero purpleliano, son otros dos trallazos.

“Sí. Esas canciones, como tú dices, son quizás las más rápidas del álbum, las más “up tempo” del trabajo; composiciones que no estaban inicialmente en una primera selección ninguna de las dos, incorporándolas posteriormente. Son más eléctricas por ese “up tempo”, y es que este disco se caracteriza por tener tempos más tranquilos, mientras que estas dos canciones son justo lo contrario. Una es más positiva, como es “All the Way”, y otra más agresiva, como es “Son of a Gun”, porque ahí metemos un poco más de garra y algo más de “punk rock veloz”, incluso tirando más a lo oscuro. Y sí, creemos que estas dos canciones eran necesarias, porque le daban ese punto de velocidad y de garra al disco que creemos que era necesario, pues le hace parecer más a las flechas del indio que al indio en sí”.

Cerráis el disco con “Bliss”, una balada que empieza con una guitarra muy sleaze, heredera del mejor Slash.

“Sí. Es la balada por excelencia del disco. La compusimos también a piano y se nota, porque es un piano que prevalece. Líricamente, es una canción que habla de la suerte de poder estar en el momento y lugar en el que estamos y poder tirar con nuestra furgoneta, tener a nuestras familias cerca y que nos apoyen. Eso es lo que contamos a grosso modo en esta canción”.

¿The Electric Alley es vuestro único proyecto o tenéis algunas bandas más paralelas? Como antes me comentabas lo de un posible disco en solitario tuyo…

“No. Lo del proyecto en solitario surge un poco en la pandemia por la posibilidad de empezar a hacer otras composiciones y a escribir en castellano, y porque me apetecía en ese momento. Eran canciones también quizás un poco más suaves y me apetecía investigarlas, y es algo que ha quedado ahí de momento, porque ahora mismo me he vuelto a centrar en el proyecto de The Electric Alley, y estamos solamente haciendo esto.

Nuestro bajista y nuestro batería sí están metidos en otras bandas, mientras que tanto Nando como yo es el único proyecto al que nos dedicamos. Aunque esporádicamente hacemos ciertas cosillas para otra gente, como, por ejemplo, antes para la editorial llegué a escribir algunas canciones o música para documentales, pero en el fondo lo que nos está ocupando la mayoría del tiempo es The Electric Alley, y más ahora, cuando tenemos un proyecto como este ‘Apache’ en el que estamos metidos al cien por cien.

Cerramos las fechas de nuestros propios conciertos, pues igual que tenemos el sello, tenemos una propia oficina en la que llevamos trabajando estos diez años. Curramos también con una oficina belga, que ya hemos mencionado, Teenage Head Music, para el tema de los conciertos europeos, e intentamos aprender todo lo que nos falta para intentar aplicárnoslo a nosotros mismos y añadirlo a lo que es la empresa en sí.

Así vamos sobreviviendo, vamos cerrando bolos y creo que la mejor manera de vendernos es vendernos a nosotros mismos, pues sabemos muy bien lo que estamos vendiendo y lo que queremos contar de nosotros mismos”.

“(Måneskin, Blues Pills o Greta Van Fleet) Han conseguido que haya peña que vuelva a escuchar el rock & roll. En ese sentido, tenemos mucho que aprender de ellos y que “mangarles”. Sólo elogios para ellos”

¿Qué opinas del fenómeno de todas esas bandas jóvenes de rock que han surgido en los últimos tiempos tipo Måneskin, Blues Pills o Greta Van Fleet, y que parece que han acercado esta música a las nuevas generaciones?

“Bueno, por un lado me parece que son súper valientes por haber tirado hacia adelante con este tipo de grupos, porque ni siquiera son proyectos que tuvieran la certeza de que fueran a funcionar. Por lo tanto, cada grupo humano que se la juega con una guitarra y tira para adelante, desde mi punto de vista merecen ya un respeto.

Måneskin me parecen unos chicos de puta madre, además yo he vivido muchos años en Italia y los tenía catados desde antes de su éxito masivo. Me parece que han utilizado sus cartas mainstream para llegar al sitio al que querían llegar. Son grandes escritores, están muy cerca de la gente joven, pues también son jóvenes, y me parece que son una gran banda, igual que Greta Van Fleet. No tengo sus discos porque no la considero una banda de las que me ha gustado como las de los 80 o 90, pero sí que me gustan mirándolos desde otra perspectiva, así que sí que los llego a admirar, igual no como admiro a mis bandas fetiche, pero sí desde otro punto de vista, porque tienen otro mérito y han conseguido que haya peña que vuelva a escuchar el rock & roll. En ese sentido, tenemos mucho que aprender de ellos y que “mangarles”. Sólo elogios para ellos” (risas)”.

Ya que me hablabas de esas bandas fetiche: ¿Cuáles serían vuestras bandas de cabecera? Porque sé que son muchas y tenéis raíces en vuestros sonidos de muchas de estas, pero por ejemplo, a ti como vocalista, ¿quién te ha influido más?

“A mí como vocalista, te digo rápido, pero creo que Steven Tyler de Aerosmith es el tío que más me ha influido. Desde que era pequeño, intenté imitar sus gritos, sus giros… También me ha influido mucho James Buchana, de Rival Sons, pues es una banda que sigo desde hace mucho tiempo y personalmente creo que es el mejor cantante contemporáneo de rock, para mi gusto. También me ha influido mucho Richie Sambora de Bon Jovi a la hora de aprender armonía; siempre he intentado también imitar las voces que él hacía. Entonces, en ese sentido, cantantes, sobre todo con registros amplios y tanto graves como de tesituras agudas, serían esos, por decirte tres nombres”.

Si tuvierais la oportunidad, ¿Con qué bandas nacionales o internacionales os gustaría salir de gira? Entiendo que Aerosmith sería una de ellas.

“Así, a bote pronto, no me hubiera importado abrir para The Black Crowes, por ejemplo. Por supuesto, no me importaría para nada tocar con Aerosmith si vinieran, que ya no creo que vengan, pero bueno… Cualquier banda de rock & roll de la que podamos absorber algo me encantaría abrirles con The Electric Alley. Tener ese privilegio con la mayoría nos iría bien seguro”.

Me comentabas antes que planeáis publicar algún videoclip más de esa sesión que habéis grabado en vivo. Entiendo que irán saliendo paulatinamente en los próximos meses.

“Sí. Tenemos tres cortes grabados y la idea es ir grabando poco a poco cada una de las canciones en diferentes formatos, grabando videos acústicos, videoclips o directos. Pero sí, la idea es darle un hueco a cada una de las canciones en formato audiovisual”.

¿Quién ha diseñado la portada de ‘Apache’? Porque es sobria pero efectiva. Personalmente, me encantan este tipo de portadas sencillas, poco recargadas, porque al final incluso para el merchandising (camisetas y demás) funcionan perfectamente.

“Pues es curioso, porque hemos tenido varios títulos hasta que nos decidimos por ‘Apache’. La portada del disco es la creación de un artista canario, afincado también en las Islas Canarias, llamado Alejandro Gómez. Y a mí ya me gustaba mucho su trabajo. Él había currado con Read Beard, un amigo canario que tiene varios discos y es un gran artista, y también ha viajado con nuestra agencia europea. Dicho esto, intentamos explicarle a Alejandro un poco lo que queríamos, que era una imagen del mundo nativo americano; queríamos que fuera una ilustración original.

Hizo esas dos ilustraciones. Por un lado, el águila que sostiene el logo de la banda, y por otro, el gorro indio que es lo que está en el centro. Y los colores lo mismo, se lo sugerimos y así nació, basándonos en la primera canción como comentábamos antes. El significado sería ese afán de superación, en una tierra baldía, pues sabemos que tenemos los recursos suficientes para al menos gastarlos. Y eso también es lo que hemos querido plasmar con la alfombra y con la greca que tiene alrededor. Es una barrera que tenemos, pero nosotros estamos dentro y somos apaches”.

¿Cómo se planteará el repertorio de la banda en los inminentes conciertos que tenéis? ¿Tocaréis el disco íntegramente o iréis introduciendo estos temas poco a poco?

“Básicamente, estamos planteando el setlist en estos días, y la idea es tocar el máximo número posible de las canciones de ‘Apache’. Yo creo que por lo menos 7 u 8 van a entrar en el set. Tenemos conciertos ahora el 3, el 4 y el 17 de diciembre. En esos conciertos queremos presentar el nuevo repertorio y la idea es tocar casi todos los temas. Además, llevaremos el nuevo merchandising, así que esperamos que guste y que funcione. También esperamos que haya gente que nos haya conocido con este disco porque la idea es esa, tocarlo casi al completo y que el público conozca estas canciones”.

Aparte de los conciertos por España, me comentabas que se va a planear una nueva gira europea.

“Exacto. Estamos ya trabajando en ella. La gira empezará en España y seguirá por Francia y el resto de países como Alemania, Bélgica, Holanda, Eslovaquia… y alguno que seguro me dejo en el tintero, quizás Italia, por el norte. Y coincidiremos con Robert John And The Wreck, que son unos chicos californianos que llevan currando desde hace años. Tienen varios discos y trabajan con la misma agencia que tenemos nosotros. Por lo que, probablemente, teniendo en cuenta que vamos a estar girando al mismo tiempo, además de nuestra gira, haremos algunos bolos abriendo para ellos, aunque todavía queda por concretar cuáles.

Para que te hagas una idea, el último disco de Robert John and the Wreck lo está produciendo Dave Cobb (NDR: productor y músico de artistas como Joe Bonamassa, Europe o Rival Sons). Por lo tanto, es una banda con mucha proyección, nos encanta estar al lado de ellos y seguro que van a ser algunos conciertos entrañables para nosotros”.

Entiendo que no descartáis tampoco viajar a Norteamérica teniendo vuestras raíces musicales sureñas una conexión tan grande con esa tierra.

“Yo realmente no aspiro mucho a viajar a EE.UU., pero si nos lo proponen yo voy del tirón, no tienen que decírnoslo dos veces (risas). El punto es que sabemos que es un poco complicado por el tema de los visados, el tema de trabajar y viajar hasta allí, alquilar el equipo… al final es muy costoso. Para una banda underground, somos afortunados de que tenemos el equipo y la furgoneta aquí, dependemos de nosotros mismos, así que el sufrimiento digamos que lo llevamos dentro. Pero cuando ya empiezas a depender de otros recursos tienes que ser bastante realista a la hora de dar los pasos y bueno, ahora mismo lo de viajar a EE.UU. lo veo un poco más lejano. Pero por supuesto, nunca cerramos puertas y si hubiera alguna posibilidad de hacerlo lo haríamos encantadísimos”.

¿Y por Latinoamérica?

“Lo mismo, hay tres canciones de este disco que están compuestas también en castellano, como te decía, y las hemos grabado, las tenemos en la recámara, porque si en algún momento pudieran salir, sí las podríamos editar y hacer algo. De momento no lo vamos a hacer, pero existe la posibilidad”.

Escucha ‘Apache’ en Spotify:

A pesar del nombre de la banda, que es toda una declaración de intenciones, ¿habéis planeado hacer algún concierto acústico también?

“Sí, de hecho las “promos” en radio y demás van en acústico, por lo tanto, las canciones funcionan en ese formato y muchas han sido también compuestas originalmente así. Tenemos el set acústico preparado y se pueden hacer perfectamente. Aunque últimamente no lo hemos tocado porque disfrutamos más en eléctrico y hemos explotado más ese campo, pero la posibilidad sí que existe de dar conciertos en ese formato”.

Para finalizar esta entrevista, Jaime, me gustaría que contaras a todos los lectores de MariskalRock los conciertos más inminentes que The Electric Alley tenéis en las próximas semanas y meses.

“Pues mira: el 3 de diciembre, que es sábado, tocamos en Málaga, en Velvet Club, con las entradas disponibles en entradium.com.  Luego el domingo 4 de diciembre actuamos como cabeza de cartel en el V Festival Almazarock, en la localidad murciana de Mazarrón, con entrada libre hasta completar aforo. Finalmente, el 17 de diciembre estaremos en Jerez de la Frontera en la sala La Guarida del Ángel. Y en el 2023 llegarán muchas más fechas”.

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Así reconfortó Brian Johnson (AC/DC) a Nickelback sobre el gran odio que suscitan comparándolo con “Back In Black”

Después de años de carrera en los que el éxito llevó a los canadienses Nickelback a estar presentes en todas las emisoras del mundo, incluso las que se dedicaban a géneros musicales diferentes, se empezó a despertar una ola de rechazo que acabó caminando de forma paralela a ese éxito. El grupo es muy consciente de ello, y recientemente lo ha demostrado su líder, Chad Kroeger, recordando cómo Brian Johnson pudo reconfortar a la banda al comparar este odio con el que AC/DC recibió en la etapa de ‘Back in Black’, su primer disco tras la muerte de Bon Scott.

La entrevista concedida por el cantante y guitarrista de Nickelback a Metal Global ha sido la que nos ha abierto las puertas a este recuerdo con el vocalista de la banda australiana: “Es curioso. Fuimos a cenar con AC/DC en Chicago hace muchos años, y surgió todo este asunto. Y Brian Johnson dijo que cuando lanzaron ‘Back In Black’ eran la banda más odiada del planeta. Así que siento que estamos en buena compañía (risas)”.

Durante su reflexión sobre este tema, no solo AC/DC aparece como gran banda que ha pasado por ese odio, Chad también tiene una anécdota con Def Leppard y un supuesto traspaso del odio de los fans: “Es gracioso, porque estábamos en los American Music Awards, y presentamos a Def Leppard. Y cuando fuimos detrás del escenario después, Joe Elliott y Phil Collen se volvieron hacia mí, y estaban como: “Amigo, muchas gracias”. Y yo dije: “¿Por qué?” Ellos me dijeron: “Por haceros con el trofeo. Os pasamos el testigo de ser la banda más odiada del mundo”. Y yo estaba, como: “Oh, sí. Porque eso es lo que quiero…”

Kroeger tiene localizado el momento y cómo la bola de ese odio echó a rodar: “Creo que tengo una buena comprensión de dónde las cosas descarrilaron para nosotros. Creo que como componemos tantos tipos de música diferentes, si estabas escuchando una emisora de radio en cualquier momento entre el 2000 y 2010, 11 o 12 incluso, era un poco difícil escapar de nosotros. Porque si no querías escucharlo y cambiabas a otra emisora, probablemente lo escucharías allí también, y luego cambiabas a otra radio, y probablemente lo escucharías en muchos lugares diferentes. Y era muy difícil escapar de nosotros”.

El vocalista asegura que entiende cómo todo ha quedado como una broma ya asentada para todo el mundo: “Eso no es culpa mía. (Risas) Sólo componemos las canciones. Y con eso viene la reacción. Y entonces lo que sucede es que los cómicos empiezan a hacer bromas, y luego empieza a llegar a la televisión, y luego llega a las películas y cosas así. Y luego sólo se convierte en esta ola en la que es divertido meterse y es una broma fácil. Y lo entiendo. Lo entiendo”.

De hecho, Chad no esconde que a él mismo le pasa lo mismo con algunas bandas: “Hay bandas que cuando las escucho en la radio, yo… Y son bandas muy populares… Quiero decir, todos las tenemos. Nadie está exento de eso. Hay ciertas bandas que simplemente las escuchas y no te gustan. Y otras personas pueden… la mitad del mundo puede amarlas, y yo simplemente diré: “No. Simplemente no puedo escuchar esta banda una vez más”. Y como todo el mundo hace, simplemente cambio de canal. Pero nos convertimos en el chivo expiatorio de la industria musical durante un tiempo. Pero da igual. Es parte de la historia de la banda”.

‘Get Rollin” es la más reciente creación de Nickelback, el álbum que vio la luz el pasado 18 de noviembre, en el que encontramos temas como “San Quentin” o “High Time”, cuya variedad sigue siendo ejemplo de lo relatado por Kroeger.

PARA LEER MÁS:

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Crónica de Volbeat, Skindred y Bad Wolves en Madrid: El privilegio de atestiguar cómo se forja un mito

Cuando hay bandas que suben y suben sin ni siquiera intuir su techo y uno lo contempla y lo disfruta año a año, los temores de que el rock y el metal vean su vigencia relegada a reliquias del pasado y se dirija hacia un invierno de irrelevancia y minoritarismo exacerbado se diluyen como un azucarillo. Volbeat es la demostración perfecta de que pese a las mareas en contra y las hostilidades de sonidos vacuos, prefabricados y alienantes, hay alto voltaje para rato y bandas que ahora mismo, en vivo y en directo, se están labrando un estatus de leyendas que los llevará, en unas décadas, a situarlas al mismo nivel – o casi – de quienes ahora son venerados como epítomes irrepetibles.

Volbeat

Como ocurre habitualmente en shows en los que se reúnen varias bandas de entidad, el show de los elegidos para romper el hielo, unos Bad Wolves que trabajan duro para obtener en Europa una repercusión que se aproxime, al menos someramente, al éxito sin paliativos que cosechan en Estados Unidos, arrancó a media tarde.

Decididos a meterse al público en el bolsillo, los californianos se emplearon a fondo sobre el escenario y ofrecieron un concierto muy dinámico y resolutivo, con energía, fuerza e intensidad, acaso empañado por un sonido más parecido al del cuarto de baño de un polideportivo que al de un emplazamiento donde habitualmente se celebran grandes conciertos.

Bad Wolves

Pese al poco recorrido como banda, dado que se formaron en 2017, estos lobos han conseguido situar su metal alternativo en un privilegiado escalafón de popularidad, sobre todo gracias a su aplaudidísima versión del “Zombie” de The Cranberries, en la cual iba a participar la propia Dolores O’Riordan, que nos dejó abruptamente ahogada en la bañera cuando precisamente se había desplazado a Londres para prestar su voz a la causa. El propio cantante, Daniel “LD” Laskiewicz reconoció ante el público antes de acometerla que sin esa canción no habrían estado ahí compartiendo plantel con Volbeat y Skindred, y dedicó la canción a “la nueva familia de Bad Wolves en España”.

No nos cabe duda de que en los próximos años esa familia irá sumando miembros a espuertas, pues la reacción del público a temas como “Sacred Kiss”, “Killing Me Slowly” o “Never Be the Same”, en la que nos recordaron que hay que vivir al día porque el mañana nunca está garantizado, fue particularmente cálida. De hecho, los asistentes respondieron masivamente a la petición del hiperactivo frontman de sentarse en el suelo y levantarse al romper “I’ll Be There”, y aplaudió una actuación breve pero consistente.

Skindred

Mucho más recorrido a sus espaldas llevan los galeses Skindred, adalides del metal más irreverente, combativo y original en el viejo continente o, mejor dicho, en las islas de al lado del susodicho. Su genuina combinación de metal alternativo con ingredientes y espíritu del reggae les han granjeado una relevancia más que merecida, sobre todo viendo en acción al portentoso frontman que es Benji Webbe, un personaje genial bajo los focos con una presencia irrebatible y un carisma de estrella total. Showmen así dan otro color a los directos, sobre todo si los secunda un grupo tan bien plantado y sus canciones aglutinan tanto significado.

Portando una bandera de Reino Unido en blanco y negro, emergió junto a sus secuaces el enérgico vocalista mientras sonaba una versión con sintetizadores de la marcha imperial de Star Wars, y ahí empezó su show. Nos hizo cantar, gritar y repetir por sectores partes de canciones que después serían coreadas por el público durante su interpretación, se rió con nosotros y también un poco de nosotros, y nos pidió que alzásemos el puño antes de la imprescindible, asertiva e insurrecta “Kill the Power”. También sacó a un miembro de su personal para felicitarle el cumpleaños, recibir de sus manos un tecladito de juguete y que soplase las velas en una tarta ante todo el mundo. Y, por supuesto, clamó por las más justas causas y contra el racismo, el sexismo y la guerra, eso antes de “L.O.V.E. (Smile)”, un luminoso tema inédito que formará parte de ‘Smile’, su próximo álbum, y para el que nos hizo gritar hasta la extenuación las letras que configuran la palabra amor en inglés.

Skindred

Temazos como “Under Attack”, “Jump Around”, precedida por el inicio del mítico “Jump” de Van Halen, teclado disparado incluido mientras él hacía que tocaba el mencionado instrumento de juguete; “That’s my Jam” o “Gimme that Boom”, otra de las que formarán parte de su esperado próximo álbum, pusieron aquello patas arriba pese al deficiente sonido, impulsadas por una banda que es dinamita en directo y cuyo alma máter logró que nos sentáramos en el suelo, ondeásemos bufandas o lo que sea y hasta coreásemos a su son por unos instantes el “Wonderwall” de Oasis (hasta que nos dijo con sorna que nos callásemos la boca) o el “War Pigs” de Black Sabbath. Menudo artista.

Volbeat

En el siguiente parón se llegaron a hacer pruebas de sonido a la vista de todos y no quedó ningún cabo por atar para que todo estuviera niquelado antes de que las estrellas de la noche, los daneses Volbeat, subieran la escalinata hacia otro baño de masas, hacia otro éxito sin paliativos. Desde el primer acorde de la inaugural “The Devil’s Bleeding Crown” pudimos ratificar lo que quienes hemos tenido la ventura de disfrutar de bastantes conciertos suyos, que es imposible que Volbeat no suene absolutamente impecable. La diferencia de sonido entre ellos y sus predecesores fue descarada, tal vez demasiado, pues para nuestro regocijo, la limpidez de cada instrumento y de la inigualable voz de Michael Poulsen era arrolladora. Si su técnico de sonido ofreciera charlas TED, se forraría.

Tras la poderosa pieza con la que comenzaron apostando a caballo ganador y la sucesiva “Pelvis on Fire”, fue tiempo de defender su más reciente lanzamiento, ‘Servant of the Mind’, con  “Temple of Ekur”, que en vivo diría que funciona aún mejor que en estudio, con esas guitarras fieras, rocosas y apabullantes. La banda aprovechaba al máximo cada centímetro del escenario y los músicos recorrían una y otra vez la pasarela para acercarse a diferentes sectores de la audiencia, enfervorecida como la ocasión prácticamente obligaba. De hecho, Poulsen tenía varios micrófonos repartidos por la escena y cantaba indistintamente ante unos u otros. Y su voz sonaba siempre a gloria pura.

El propio vocalista se dirigió con efusividad y agradecimiento a un gentío que exhibía sin cortapisas su admiración e hizo una apología de la felicidad frente a los “tiempos duros” y los “días locos” que sufre nuestro mundo. Por eso, nos conminó a olvidar todo lo malo durante la siguiente hora y tres cuartos y darlo todo por la música, algo que sin duda hicimos ante la contagiosa, irresistible e hímnica “Lola Montez”, una de las que jamás fallan, de las que emocionan hasta casi hacernos levitar. Su “yeeeh” final fue tan coreado por el público que Michael repitió la frase que lo precede, “the love of your life”, hasta tres veces para volviéramos a cantarlo. “Deberíamos hacer esto toda la noche”, comentaba encantado de tener ante sí a un público tan entusiasta. Como para no serlo.

Volbeat

Una “Last Day Under the Sun” que se ha afianzado como imprescindible en los directos y que inunda de positividad hasta el más lúgubre antro precedió a la sentidísima “Fallen”, dedicada por el cantante a su padre. El tema, más acompasado, es una delicia en vivo y pone la piel de gallina a cualquiera. Los ojos se empañan, el corazón se encoge, los bronquios se inflaman en un deliberado ejercicio para respirar hondo y guardarse para dentro el maremágnum de emociones que desata en uno. Que hay gente alrededor y no es plan tener que recurrir al paquete de Kleenex.

Fue luego momento de echar la vista hacia esos clásicos pretéritos cuya omnipresente influencia combinaron con la contundencia del metal para originar ese sonido tan particular que los ha hecho gigantes. Así, Michael Poulsen versionó un fragmento de “I Only Want to Be With You”, original de Dusty Springfield y versionada también en estudio por los propios Volbeat, y, cómo no, de “Ring of Fire” de Johnny Cash antes de acometer la infalible “Sad Man Tongue”, heredera de sus enseñanzas pasadas por un tamiz de alto voltaje. Qué locura, qué temazo. La gente exprimía hasta la última gota de sudor. Por suerte, el Palacio Vistalegre no tiene vecinos de abajo, porque habrían dado con la escoba en el techo durante dos horas sin parar.

Volbeat

La alegría inundó a quien escribe cuando vio aparecer un bonito piano blanco en escena, pues eso significaba que la siguiente en liza sería la contagiosa, movida y despampanante “Wait a Minute my Girl”, y que en ella aparecerían pianista y saxofonista en escena. Todo sonó a las mil maravillas y enloquecimos por enésima vez bajo los numerosos globos negros que fueron liberados sobre el público. Justo después, la no menos efectiva “Black Rose” perpetuó el estado de excitación más que justificada en el que nos hallábamos y sirvió para que Michael interactuase mucho con los presentes, casi como si en vez de un pabellón con una gran entrada estuviéramos en familia en una sala más pequeña. Conseguir esa sensación les honra.

“¿Cuantos tenéis el nuevo disco?”, preguntó el vocalista para después contar con ironía solo hasta tresy dar paso a “Shotgun Blues”, una de las piezas más celebradas de este último esfuerzo discográfico. Después cayeron a plomo “Seal the Deal” y la muy contundente “The Devil Rages On”, en la que el exguitarrista de Anthrax Rob Caggiano se lució y que culminó con un diluvio de confeti.

 

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Como veía Michael muchas camisetas de AC/DC, se marcaron un guiño al “Back In Black” antes de recordar que era noche de Volbeat. “Slaytan” y “Dead but Rising”, dos de las más férreas de la velada, no obtuvieron un recibimiento tan enfervorecido, como tampoco “The Sacred Stones”, precedida de un breve parón para tomar aliento. Pero la adrenalina seguía ahí, y se desbocó con la deslumbrante “Die to Live”, de nuevo con pianista y saxofonista encandilándonos sobre el escenario. Por cierto, fue dedicada el recientemente fallecido Jerry Lee Lewis, otra estrella pionera que ahora brilla lejos de nuestro mundo.

Para el final nos esperaban dos platos fuertes, muy fuertes, dignos de restaurante de la Guía Michaelín del rock and roll. Fueron nada menos que los himnos irrebatibles “For Evigt” y “Still Counting”, que lograron que aquello se viniera abajo y culminaron de forma inmejorable un concierto digno de leyendas, de futuras leyendas que ahora tienen un presente de escándalo y que el día de mañana serán veneradas como tal. Son divertidos, son emocionantes, son únicos. Son Volbeat y, gracias al dios del rock and roll, existen en el mismo tiempo que nosotros.

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