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Crítica de Novena Senda: Laberinto de voces

Dicen que desde Beethoven ningún compositor (Schubert, Dvorak o Mahler, entre ellos) sobrevivió lo suficiente a su composición número nueve como para escribir la décima. Esa “maldición” de la novena sinfonía es lo que da nombre a ese trió catalán, quienes nos presentan su LP de debut donde lo primero que llama la atención es un cambio hacia sonidos más electrónicos y menos rudos que su homónimo primer EP.

Nada más empezar a escuchar el primer tema, “Desperado”, se me viene a la mente el tema “Word In my Eyes” de Depeche Mode, y la influencia del combo de Basildon sigue siendo patente en los dos siguientes cortes, “Redención” y “Laberinto de Voces”, donde la mezcla de la guitarra a lo spaghetti western con las bases electrónicas recuerdan al “Personal Jesus” de los ingleses.

El instrumental “Onírico”, con sus claras influencias de la música tradicional japonesa, sirve como introducción para “Noches en Tokyo”, que debido precisamente a este aire oriental es como primo hermano del “Hong Kong Garden” de los Siouxsie and the Banshees e igualmente de bailable en las pistas darks.

“Reflejo” es un tema que deja atrás los elementos electrónicos y que empieza con un riff que recuerda a las power ballads ochenteras, aunque después el ritmo despega y es ahí donde se ven influencias como The Mission o Las Novias. “Eterna” tiene un aire entre lo épico y lo místico; un tema muy evocador, como si a unos Pink Floyd los pasaran por un broche de pintura negra y la remezcla la hicieran Depeche Mode.

“Efímera”, por su parte, deviene en un corte más sinfonico y dark wave, diría, mientras que “Hechizado”, “Vorágine” y “Profundo Letargo” son otros temas con las guitarras como protagonistas, con reminiscencias a Gabinete Caligari en su época post punk o a Héroes de Silencio.

Si os gustan los sonidos oscuros de los ochenta y noventa en todas sus vertientes, desde las electrónicas hasta las más guitarreras, seguramente este disco os va a gustar. Muy recomendables.

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Nikki Sixx planea que Mötley Crüe celebre su 50° aniversario dentro de ocho años: “No vamos a parar”

Pocas bandas han tenido el gran privilegio de poder celebrar sobre los escenarios su 50º aniversario. Judas Priest o Kiss están entre esos legendarios nombres entre los que dentro de unos años podríamos tener también a Mötley Crüe por lo que el bajista, Nikki Sixx, ha comentado sobre su idea de la actividad para la banda. Sixx ha asegurado “no planear parar” pocos días después de la reciente confirmación de John 5 como sustituto de Mick Mars para la gira mundial que los traerá junto a Def Leppard a Madrid el próximo verano.

Después de dejar claros los motivos que llevaron a la elección del que fuera guitarrista de Marilyn Manson y Rob Zombie para incorporarse a Mötley Crüe, las respuestas de Sixx a preguntas que llegaron por parte de los fans el pasado 28 de octubre nos llevan a esta predicción sobre el 50º aniversario de la formación y sobre volver a Suramérica: “Siempre. No tenemos planes de parar ahora. Nos lo estamos pasando demasiado bien, y dentro de ocho años celebraremos 50 años juntos como banda”.

El auditorio Miguel Ríos de Rivas-Vaciamadrid será el escenario el 24 de junio del espectacular concierto que reunirá a Mötley Crüe y Def Leppard en nuestro país dentro del “The World Tour”. Las entradas se pusieron a la venta para el público general el pasado 28 de octubre a través de la propia web de Live Nation, la red Ticketmaster El Corte Inglés.

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Entrevista a Celtic Frost: “Si no hubiese pasado por aquel calvario por culpa de mi madre, no hubiera existido Celtic Frost”

Celtic Frost en 1985. Foto: Sergio Archetti

“En Italia, durante los 30 años bajo el gobierno de los Borgia, tenían guerra, terror, asesinatos y ríos de sangre, pero también nos trajeron a Miguel Ángel, a Leonardo da Vinci, y el Renacimiento. En Suiza tuvieron amor fraternal. Tuvieron 500 años de democracia y paz. ¿Qué es lo que nos trajeron? El reloj de cuco…” Esas palabras proferidas por Orson Welles, en la obra maestra de Carol Reed, ‘El Tercer Hombre’ (1949), aunque muy sarcásticas, reflejan la imagen que todos tenemos de Suiza: un país idílico, pacifico, avanzado, rico… aunque siempre hay un lado oscuro en cada paraíso, y Celtic Frost seguramente son una muestra de esas sombras.

Los amantes del metal extremo y vanguardista ya conocen de sobra el legado de este combo cuyo núcleo principal fueron Tom Gabriel Warrior y Martin Eric Ain (1967-2017), y este 28 de octubre sale a la venta el box set ‘Danse Macabre’, que contiene toda la discografía de la banda que fue editada en sus años más fructíferos y rompedores (1984-1987), tanto en vinilo como en CD (dependiendo de la versión) aparte de un libro de 40 páginas con fotos y entrevistas con Tom y el batería Reed St. Mark, posters, parches, etc. Yorgos Goumas vuelve a entrevistar por enésima vez a Tom, ahora acerca de este box set y la historia de una de las bandas que más marcaron al metal extremo en tan poco tiempo de vida.

La primera y obvia pregunta es: ¿Por qué decidiste a sacar este box set ahora?

“Te responderé con otra obvia pregunta: ¿Qué te hace pensar que yo puedo decidir sobre estas cosas? Los derechos de los primeros discos de Celtic Frost pertenecen a BMG, no a mí ni a la familia de Martin. Tampoco tuve nada que ver con la decisión de la reedición de los discos en 2017. Afortunadamente, se trata de una empresa con buenos profesionales, así que en lugar de hacer estas reediciones y este box set sin preguntarme, me pidieron que participara activamente en estos proyectos. Podrían haber hecho todo esto sin preguntarme, ya que poseen todos los derechos, pero como mantenemos una buena relación, aprecié mucho su trabajo y su respeto hacia el legado de la banda, así que acepté participar. Para este box set supervisé la dirección artística y aporté mis recuerdos a través de entrevistas hechas por mi buen amigo Calum Harvie”.

Supongo que en el pasado habrás intentado recuperar los derechos de estos discos.

“Desde los tiempos de Celtic Frost, hasta la reunión en 2001 e incluso durante los tiempos de Triptykon, ha habido muchos intentos de hacerlo, pero la discográfica no tenía ningún interés a la hora de cedernos los derechos”.

También supongo que fueron precisamente estos problemas legales los que condujeron a la primera disolución de la banda a finales de los ochenta.

“Efectivamente. Por entonces éramos muy jóvenes e ingenuos y no nos habíamos dado cuenta de los contratos leoninos que estábamos firmando, y cuando quisimos liberarnos de ellos, el coste psicológico y financiero de aquella lucha de liberación era demasiado para nosotros. Ni puedo empezar a contar la cantidad de reuniones, llamadas telefónicas y correspondencia que tuvimos con el abogado y la discográfica y todo eso mientras estábamos de gira por Gran Bretaña y los Estados Unidos. Era tan frustrante ver cómo ‘Into the Pandemonium’(1987) gozaba de tanta aceptación, la gira era todo un éxito, pero nosotros teníamos la mente en cómo resolver los problemas legales. Imagínate que ni siquiera podíamos rodar un mísero videoclip porque teníamos las manos atadas por la discográfica mientras duraba el embrollo. Fuimos nosotros mismos los que nos financiamos aquella gira y fuimos nosotros los que pagamos al abogado, lo cual obviamente nos metió en muchas deudas”.

Tiene que ser muy duro para una banda joven ver cómo su trabajo no estuvo valorado por la discográfica de entonces (Noise Records).

“¿Cómo iban a valorar a nuestro trabajo cuando todas las bandas a las que fichaban las veían como una manera de estar exentos de impuestos? Esto me lo dijeron ellos mismos. No les interesaba la música, sino encontrar una manera de ganar dinero. Pregunta a cualquier banda que fuera fichada por ellos, desde Voivod hasta Helloween: todos te dirán de qué manera ignorante y arrogante los trataron. Pero mira ahora donde está el nombre de Celtic Frost y donde el de Noise. Celtic Frost consiguieron escribir su propia historia, mientras que Noise ya ni existe. Además, todo lo que padecimos con ellos me sirvió para aprender la lección y poder así no solamente reunir a Celtic Frost en 2001, sino además montar nuestro propio sello discográfico (Prowling Death Records) y nuestra propia editorial”.

Celtic Frost en 1984. Foto: Martin Kyburz

El libreto del box set contiene entrevistas no solamente contigo, sino además con Reed St. Mark. Las entrevistas son interesantes, no solamente por los nuevos datos que aportan, sino porque conocemos el punto de vista del exbatería, que hasta ahora no conocíamos y que crea una perspectiva nueva acerca de aquel periodo.

“Reed St. Mark es aún un buen amigo mío, y quise que formara parte también de este proyecto. Además, tanto él como yo quisimos que la figura de Martin quedara también reflejada en el libreto, y queda bastante clara la influencia que cada uno de nosotros tuvo sobre los demás”.

Se lee en el libreto que no estabais contentos con la masterización del ‘To Megatherion’, y en 2017 el disco fue remasterizado. ¿Lo habéis retocado otra vez ahora?

“Sí. En 2017 lo hicimos en el estudio del guitarrista de Tryptikon, V. Santura, y para este box set también, siguiendo aquella masterización. No tocamos las mezclas, porque no queremos alterar su sonido original, y creo que ya estos discos no pueden sonar mejor”.

Admito que desconocía la existencia del EP ‘I Won’t Dance’ (1987).

“Es lo que sobrevivió de la cancelación de todos los proyectos que teníamos por parte de Noise Records una vez que emprendimos las acciones legales contra ellos. Aaun así, lo editaron con un artwork totalmente diferente de lo que teníamos en mente, así que ahora por primera vez está disponible en la forma que habíamos concebido nosotros. La discográfica hizo varias cosas sin nuestro consentimiento, como por ejemplo incluir dos temas del ‘Morbid Tales’ (1984) en el EP ‘Emperor’s Return’ (1985), algo que no tenía sentido para nosotros, ya que habían sido grabadas en una fase diferente de la banda a nivel musical y con otro batería (NdR: su amigo Stephen Priestly, que les ayudo con las sesiones de grabación)”.

Contenido de ‘Danse Macabre’

¿Es verdad que se han filtrado en Internet grabaciones, con temas en formato de demos, de los finales de los ochenta y principios de los noventa?
“Sí. Teníamos la intención de sacar otro disco después de ‘Into the Pandemonium’, pero por entonces sentíamos que la banda ya no era la de antes. El espíritu agresivo y las ganas de crear música novedosa habían desaparecido. Dicho simplemente, nos sentíamos con las baterías vacías, así que lo que empezamos a componer nunca se finalizó. Lo que pulula por Internet son cosas en estado embrionario, totalmente incompletas. Cuando nos reunimos en 2001, decidimos no recurrir en aquellas demos, porque quisimos intentar empezar desde cero. Queríamos mostrarnos a nosotros mismos que habíamos recuperado aquel espíritu creativo y que aun éramos capaces de crear buena música, algo que llevó a la creación de ‘Monotheist’ (2006)”.

Cuando uno mira a las fotos de la banda en el libreto puede discernir las dos primeras fases: la primera, más extrema y que influyo en incontables bandas blackmetaleras posteriores, y la segunda, más elegante, mas gótica, diría yo.

“La primera fase se la podríamos atribuir a Judas Priest, y sobre todo a Rob Halford. Fue tan impactante su imagen que hasta Venom se vieron influenciados poco después a la hora de adoptar una imagen parecida. Cuando hice mi primer viaje a Londres y compré mis primeras revistas y vi aquellas fotos, como te imaginas, un mundo nuevo se abrió ante mis ojos. Cuando empezamos a hacer música más experimental y más atmosférica, era obvio que aquella imagen primigenia ya no reflejaba a la banda al cien por cien. Además, hay que tener en cuenta que aparte de metal, tanto Martin como yo escuchábamos a otros géneros también: a Martin le encantaba la New Wave y el post punk y yo había crecido con los discos del rock progresivo y de música clásica de mis padres. Y si hablamos del Reed, él provenía del mundo del hard rock, del blues y del jazz. Así que no deberíamos hablar de un cambio de imagen, sino de un aspecto visual más, otro reflejo de nuestros gustos musicales.

Por entonces, la escena gótica no se había convertido aún en un cliché, sino que se trataba de una escena fresca, innovadora y con propuestas musicales que aún perviven al día de hoy como Siouxsie and the Banshees, Bauhaus o Christian Death. Básicamente, habíamos llegado a un punto donde queríamos unir a estas dos vertientes, la agresiva y la más atmosférica, en nuestra música y esto también se quedó reflejado en nuestra imagen”.

Celtic Frost en 1986. Foto: Peter Schlegel

En el libreto cuentas cómo tu madre te dejaba solo durante semanas en vuestra casa rural mientras ella viajaba al extranjero para dedicarse al contrabando de diamantes. ¿Cómo es posible que un niño de seis años se las apañara solo durante tanto tiempo?

“Yo tampoco me podía imaginar que aquello fuera posible, pero mi madre me decía que lo que hacía era normal, que otros padres también lo hacían, y que confiaba en mí para salir adelante solo. Es que no me dejó ninguna otra opción, y efectivamente, no fue hasta mucho después cuando me di cuenta de que aquello no era normal y que no hacían esto los otros padres a sus hijos.

Mi madre me dejaba comida en latas, para mí y para los casi cien gatos que teníamos, y desaparecía durante semanas. Obviamente, mi estado de higiene y el estado de la casa se deterioraba según pasaban las semanas, y esto contribuyo a que yo fuese estigmatizado más aun en la escuela. Ya nos había estigmatizado antes el pueblo entero, donde nos fuimos después de la separación de mis padres, ya que la sociedad cerrada y conservadora rural no veía con buenos ojos a una madre soltera. Como vivíamos apartados del resto del pueblo, nadie se interesó por ver por qué siempre se me veía solo por el pueblo. Es más, era un pueblo tan pequeño que ni siquiera había policía.

Hoy en día, mi madre hubiese sido denunciada por los servicios sociales y arrestada por abandono, pero los inicios de los setenta eran obviamente otra época. Ahora, mirando hacia atrás me doy cuenta que aquella situación criminal hizo que me convirtiera en una persona independiente, fuerte, y con determinación a la hora de tomar las riendas de mi destino. Puede que mi madre casi me matara por negligencia, pero irónicamente, si no hubiese pasado por aquel calvario, no habría existido Celtic Frost. Toda aquella agresividad y las ganas de cambiar el rumbo de mi vida salieron a la superficie a través de Celtic Frost. Mi capacidad de sobrevivir, me sirvió muchas veces en mi vida posterior, sobre todo cuando tuve que lidiar con la inmundicia del mundo de la música”.

Celtic Frost en 1987. Foto: Fred Baumgart

En la entrevista hablas de los disturbios callejeros en los años setenta entre la policía y los jóvenes suizos, reclamando un futuro mejor, algo que no sabía y que me sorprende, ya que los extranjeros siempre hemos considerado a Suiza como un país muy próspero. A raíz de esto, siempre me ha fascinado la dicotomía entre la imagen idílica que tenemos sobre Suiza, con sus paisajes bonitos con vacas y los relojes de cuco, y la existencia de una escena underground musical extrema con bandas como Celtic Frost o Samael o, en menor medida, Young Gods.

“(NdR: Algo molesto) No sé si yo pondría a Celtic Frost en la misma categoría que cualquier otra banda…”

No quise compararos a nivel musical, sino hablar de la existencia de algo oscuro y siniestro debajo de esa superficie.

“Si me interrumpes y no estás preparado para escuchar mi respuesta, entonces no pienso responderte. ¡Siguiente pregunta!”

Vale. Pues, en el libreto se puede leer cómo habíais trazado en papel todo el plan de la carrera de Celtic Frost, desde los conceptos de los discos hasta cuántos discos ibais a sacar, la imagen, etc. y lo presentasteis a Noise Records. Jugando con los tópicos: ¿Era una muestra de la famosa eficiencia y capacidad organizadora germano-suiza?

“Como te dije antes, mi situación por entonces era tan desesperada que básicamente no tenía nada que perder. Tanto Martin como yo veníamos de familias disfuncionales y con unas perspectivas futuras bastante oscuras, así que teníamos unas ganas inmensas de tomar las riendas de nuestras vidas y cambiar nuestro destino miserable a través de la música. No creo que tuviera algo que ver con nuestros genes, sino simplemente con un impulso imparable de tener una vida mejor y con algo de sentido”.

Hiciste cuatro años de aprendiz de mecánico. ¿Pusiste aquellos conocimientos en funcionamiento cuando tuviste que lidiar con instrumentos, equipos de sonido, amplificadores, etc.?

“Aquel aprendizaje no me ayudó a nivel técnico, pero me ensenó a ser paciente, meticuloso, a prestar atención a los detalles y mantenerme enfocado y concentrado. En definitiva, me ayudó a ser un mejor profesional”.

Aun así, nunca aprendiste a leer música.

“Eso es verdad, y la razón es que siempre he pensado que, si tomara clases de música, perdería mi capacidad de componer de manera intuitiva, y que las habilidades técnicas prevalecerían sobre las emociones, que son las que me guían a la hora de componer. Definitivamente, creo que perdería mi espontaneidad y frescura”.

Es harto conocida tu relación con H.R. Giger, y de hecho eres codirector de su museo en Gruyères. ¿Cómo consigues combinar tu faceta de músico con este otro trabajo?

“Es verdad que las dos agendas a menudo entran en conflicto, pero no solamente disfruto inmensamente trabajar en el museo, sino que me siento honrado por haber sido elegido para este puesto. Creo que la preservación y difusión de su legado es mi deber, y esto es solo una pequeña parte de todo lo que le debo a él y a su viuda”.

¿Sigues considerando a Triptykon como la continuación musical de Celtic Frost?

“Totalmente. Es más, en el nuevo disco de Triptykon, que saldrá en 2023, sí que hay ideas sacadas de demos que hicimos durante las sesiones para ‘Monotheist’. Además, V. Santura estuvo durante un año tocando en directo con nosotros, y la manera en la que compongo y grabo la música de Triptykon es igual que como lo hacía con Celtic Frost”.

Si no hubiese existido aquella disputa con el entonces batería de Celtic Frost, Franco Sesa, y si Martin no hubiese muerto en 2017, ¿crees que Celtic Frost existiría a día de hoy?

“Después de la gira de ‘Monotheist’, que duró unos dos años, Martin me dijo que estaba quemado y que no quería seguir en la banda. Al principio me sentí decepcionado, porque, claro, yo tenía en mente sacar unos cuantos discos más y no me imaginaba a Celtic Frost sin Martin. Sin embargo, Martin me dijo después que, aunque no saliera de gira con Celtic Frost le gustaría seguir trabajar conmigo en el estudio y componer para la banda. Así que estoy seguro de que si no hubiese muerto habríamos colaborado de alguna manera e incluso le habría invitado a los discos de Triptykon. Yo, personalmente, a veces me siento quemado, pero hay varias maneras de afrontarlo. Actualmente damos menos conciertos, porque he decidido tomármelo con calma y no agotar mis fuerzas, porque no quiero subir al escenario siendo un zombi. Cuando uno lleva cuatro décadas haciendo esto, sabe cuándo su cuerpo le pide que ralentice un poco para recobrar fuerzas. En eso estoy ahora mismo, así que a partir del próximo año volveré con las fuerzas renovadas”.

Escucha a Celtic Frost en Spotify:

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Entrevista a Lacrimas Profundere: “De repente, tenía una razón para levantarme por la mañana”

Entre los muchos contenidos destacados que encontrarás bajo la portada protagonizada por Slipknot del número 445 de La Heavy, te esperan todos los detalles sobre el nuevo lanzamiento de Lacrimas Profundere, ya que Yorgos Goumas entrevistó a Oliver Nikolas Schmid, fundador y compositor principal  este combo teutón, pionero del metal gótico, que lleva treinta años en la brecha. Os traemos aquí parte de la conversación que se quedo fuera por cuestiones de espacio. Como centro de la entrevista teníamos la publicación del flamante disco de la banda, ‘How To Shroud Yourself With Night’, que se editó el pasado mes de agosto.

En general, parece que los guturales priman en este disco. ¿Un reflejo del estado de ánimo o Julian Larre se siente más cómodo así?

“No, a Julian le gustan todas las facetas de la música. Diría que ahora me siento más cómodo para usar guturales nuevamente. Pero mi principal problema esta vez fue que realmente me quitó algo de sueño al comenzar el proceso de composición. Ya sabes, finalmente, estábamos de vuelta en el camino y pudimos construir sobre viejos éxitos y de repente ahí estaba, la pregunta diaria: “¿Hoy es el día para escribir algo especial?” Sin embargo, no puedes forzarlo y terminas en el perfeccionismo y pensando demasiado en las cosas.

Todo artista tiene que pelear esta batalla. A medida que uno se vuelve más exitoso, el éxito se convierte en un depredador. Tiene un lado hermoso: tocar en clubes llenos, buenos ingresos, seguidores felices, pero también te presiona. A veces tienes que esforzarte para no perder la diversión o preguntarte por qué te estás estresando. Casi me come, pero la gran diversión de compartir el escenario con mis mejores amigos me hizo vencer esta presión. De repente, se hizo muy claro lo que quería. Un disco al que le importan un carajo las especificaciones de género, una mezcla de Dark Tranquillity, Paradise Lost y The 69 Eyes mezclado con metal moderno. De repente, tenía una razón para levantarme por la mañana, y ahora finalmente está hecho. Bueno, ¿puedo presentarlo? Es el hermano malvado de ‘Bleeding the Stars’”.

¿Tu hermano, Chris, sigue escribiendo las letras? ¿Cómo se adapta al estilo de Julian y cómo se adapta Julian a sus letras?

“Sí, Christopher volvió a hacer muchas cosas. Se le ocurrió el título y el tema del álbum: el deseo de simplemente desaparecer, de ser invisible y no tener que lidiar más con uno mismo y con el mundo exterior. Sin embargo, esta vez Julian también se encargó de la letra. Chris hizo una demo de su material y se la envió a Julian y él trató de captar esa sensación. Julian se siente más a gusto en el metal moderno, y Chris es el tipo a quien le gustan Sisters of Mercy y The Cult. Esta combinación es lo que nos diferencia de otras bandas, diría yo”.

¿Cómo va tu artritis? ¿Cómo crees que afectará al futuro de la banda?

“Gracias por preguntar. Sí, cambia de un mes a otro, pero aprendí a lidiar con ello. Lo que me asustó un poco es el hecho de que ya no pueda ensayar todos los días. Hay días que solo agarro mi guitarra cuando hacemos un show y espero que mis dedos funcionen hasta el final y algunos días me siento bien y puedo tocar la guitarra constantemente, practicar, componer… Todavía estoy tratando de cambiar mi alimentación y no beber demasiado alcohol y café. Al final, incluso dejaré la cerveza para poder tocar el instrumento que tanto amo”.

En estos 30 años de carrera, ¿qué factores crees que te impidieron llegar a un mayor segmento de público y qué te hizo seguir adelante a pesar de todos los altibajos?

“Soy muy terco, y simplemente creo en lo que estoy haciendo. Cuando empiezas a hacer música y escribir tus propias canciones, tratando de formar una banda, ya te preguntas qué quieres lograr algún día. Todos lo hacen. Si dices que quieres ser la estrella de rock más grande del mundo, está bien, y así debería ser con todas las bandas. Por otro lado, si te rindes, frustrado por el primer reventón de rueda de la furgoneta de gira, el primer caos de nieve en las afueras de Londres, o el segundo concierto frente a 20 personas en el centro juvenil de tu ciudad, no es lo correcto para ti. Tienes que perseverar. Así que mi motivación fue: nunca hagas nada conscientemente, déjate llevar sin importar cuánto tiempo te tome y el peor de los casos será estar en activo 30 años y todavía tener que explicar el nombre de tu banda en cada aeropuerto al que vayas”.

¿Algo más que añadir, Oliver?

“Permíteme agregar que este álbum es diferente. Aunque ya conozcas a Lacrimas y digas que nunca me han gustado, escucha este disco, os sorprenderá, lo prometo”.

Encontrarás el grueso de esta interesante entrevista en el número 445 de La Heavy, en el que Slipknot capitanea la portada acompañados por Alter Bridge, The Cult, Måneskin, The Hu, Creedence Clearwater Revival, The Dead Daisies o Noctem entre otros grandes contenidos. Corre a tu kiosco o visita nuestra tienda online para no perderte nada.

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Jay Weinberg (Slipknot): “A menudo tendemos a pensar que podríamos estar ante nuestro último disco”

No fueron pocas las alarmas que se despertaron ante el descubrimiento del título del nuevo disco de Slipknot, un ‘The End, So Far’ que dejaba muchas puertas abiertas para la interpretación alrededor de la actividad de los enmascarados que se han hecho con la portada del número 445 de La Heavy, y este aspecto no podía pasarse por alto en la conversación que Jason Cenador mantuvo en exclusiva con el batería Jay Weinberg.

El propio músico asegura que a ellos mismos se les ha pasado alguna vez por la cabeza la idea de que pudieran estar ante el último disco de la banda, aunque en este caso el final tenga más que ver con un nuevo comienzo: “A menudo, cuando hacemos nueva música, tendemos a pensar que podríamos estar ante el último disco de Slipknot. Llevamos diciendo eso desde ‘.5: The Gray Chapter’. Uno afronta cada cosa como si fuera la última, cada concierto como si fuera el último, cada álbum como si fuera el último, porque el mañana nunca está prometido, nunca se sabe qué deparará el futuro. Más allá de eso, no implica ninguna señal de bajar el ritmo, es simplemente el comienzo de un nuevo capítulo para nosotros que es muy emocionante, y pienso que el título del disco encaja perfectamente”.

Hace unos días, el título del álbum volvía a ser protagonista de una noticia, al haberse encontrado muchos compradores con su edición física mostrando una pegatina que cubría un título impreso equivocado en los discos de Slipknot.

Slipknot son los principales protagonistas del número 445 de La Heavy, con una entrevista en exclusiva en la que el flamante ‘The End, So Far’ fue tema principal, pero no el único. Junto a los de Iowa también te esperan Alter Bridge, The Cult, The Hu, Noctem, The Dead Daisies o Måneskin entre muchos otros. Corre a tu kiosco o visita nuestra tienda online para no perderte nada.

 

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Crítica de Siixs: Vaciio

Desde Aragón llegan dispuestos a reventar tímpanos con los sonidos más extremos Siixs, banda fundada durante la pandemia, la cual les ha permitido centrarse en componer y grabar su debut, ‘Vaciio’. Hardcore, groove y metal alternativo se dan cobijo bajo las once canciones en las que no falta potencia y agresividad.

Sin embargo, el inicio ofrece un contrapunto más que interesante. A modo de introducción, “Entre lamentos, pt.I” nos presenta un atmosfera con un niño llorando, disparos, una valla moviéndose con el aire… mientras la guitarra es acompañada tan sólo por la voz de rasgada de Txury y la colaboración de Isabel Marco, que contrasta al buscar más la melodía.

Es con “Entre lamentos, pt.II” cuando entra la brutalidad, con las guitarras dando un toque moderno a su sonoridad, uno de los rasgos más característicos, esa intención de buscar un sonido más noventero, propio del metalcore, pero traído a la actualidad. Si a ello le añades que no entran en complicaciones, van directos al grano haciendo de la sencillez una virtud para darle más potencia.

Así “Odio y miedo” nos recibe a golpe de doble bombo, “El poder” es todo un puñetazo en la cara, corta y directa, que invita a machacarte el cuello; o “Vaciio”, que arranca con un grito gutural y supone un auténtico desahogo, con la batería marcando un ritmo pesado y la letra desgranando un momento delicado para cualquier persona.

Hemos hablado de la música, pero también hay que prestar atención a lo que nos cuentan, ya que el compromiso con un marcado tinte social se deja ver, como en “Triste realidad”, que seguro más de uno identifica con algún hecho actual, mientras por los oídos te pueden llegar sonidos que te recuerden a Hamlet, una de sus influencias, sin duda.

En “No nos diréis”, las voces desgarradas se combinan con el gran trabajo de las guitarras, seguramente el mejor de todo el álbum, para dejarnos un tema que invita a perderse en él, escuchándolo una y otra vez.

Pero es que en “Nunca dejes de buscar” el bajo toma más protagonismo en un tema con tintes thrash, mientras que en “Ojo por ojo” se acercan más al groove, pero siempre sin perder la contundencia y la potencia, aunque sean capaces de despedirse casi susurrando en “Lágrimas que queman”, que no termina de explotar hasta después del primer estribillo, a partir del cual nos dejan las últimas dosis de brutalidad de este trabajo.

Escucha ‘Vaciio’ en Spotify:

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Crónica de Lendakaris Muertos en Bilbao: Un vuelo de altura

Habría que preservar ese tipo de conciertos que van siempre como un tiro. Entre el mar de palmas y de charlas innecesarias que no interesan a nadie presentes en la mayoría de los bolos, todavía quedan aguerridos punks que van al grano, apelan a los instintos primarios y se cachondean de todo lo imaginable, la actitud más sana en los delirantes tiempos actuales. Un auténtico antídoto contra esa plaga de ofendiditos que pululan por redes sociales y que quieren que volvamos a esas oscuras sacristías en las que estaba prohibido reírse.

Lendakaris Muertos

En teoría aquel evento de Lendakaris Muertos en la bilbaína sala Santana debía haberse producido a comienzos de enero, si no me equivoco, pero se pasó al mes de octubre debido a los rigores de la pandemia. La última vez que habíamos coincidido con los navarros había sido con la peña sentada, algo que podría considerarse un crimen para un grupo de este palo, por lo que la expectación era total por vivir una de esas citas a la vieja usanza, con pogos y el vocalista Aitor pasándose más tiempo abajo que encima del escenario. ¡Cómo lo echábamos de menos!

Para una banda acostumbrada a tocar en fiestas veraniegas de pueblos cada dos por tres, hubo una notable concurrencia que demostraba que los veteranos de la kale borroka siguen teniendo un tirón impresionante entre la juventud y también en los señores hechos y derechos. Un ambientazo versátil con personal variopinto que mandaba a cascarla antiguos prejuicios entre tribus urbanas de otras épocas.

CGPP

Lamentablemente, aún se estilan costumbres de antaño, como esa de solo ver a las estrellas de la noche, por lo que muchos se perdieron el contundente calentamiento efectuado por los leoneses CGPP, o Carolina Grande Piñón Pequeño para los amigos. Ya de entrada, te topas con un cantante vestido con una suerte de traje luminoso capaz de mil y un hazañas del calibre de echar alcohol en una plancha y bebérselo o de hacer comulgar con cecina a los asistentes. Un espectáculo tremendo en el que no te aburres ni un segundo. Y encima a velocidad supersónica.

En lo musical se movían entre la ausencia de complejos de Siniestro Total y las ganas de partirse la caja de Lendakaris, aparte del lanzamiento de pullas rotundas tipo Def Con Dos, por lo que eran el complemento ideal para la velada. Volaron la cabeza con trallazos a machete de la envergadura de “Ropa de mercao”, “Buenas tardes caballero” o “El ofensor del pueblo”, entre muchos otros. Para apuntar este genial descubrimiento desde la vera del río Órbigo.

Lendakaris Muertos

Como novedad de este recuperado concierto de Lendakaris Muertos teníamos la incorporación de Iván de The Guilty Brigade, que sustituía a las seis cuerdas a Joxemi, supongo que por sus compromisos con Ska-P, y dio la talla con bastante soltura. Parecía que llevaba una vida entera junto a Aitor y compañía. Un buen reemplazo.

Pocas bandas quedarán en la actualidad que se casquen bloques de temas casi sin respirar a una velocidad tan endiablada, si parpadeabas, ya te perdías bastante. Apelando desde el inicio al personal con himnos como “Estamos en esto por las drogas” o “El último txakurra” iba a tornarse un recital apabullante, de esos en los que no se permitía ni un minuto de descanso. El inquieto vocalista Aitor preguntó a todos los que se habían incorporado a última hora dónde estaban durante los teloneros, algo muy adecuado, pues se pudo ver a los propios miembros de Lendakaris apoyando a sus colegas leoneses entre las primeras filas. Compañerismo de verdad y no de postureo.

Lendakaris Muertos

“Detector de gilipolleces” mantuvo el fiestón en lo alto, y más cuando el frontman se metió entre el respetable para que algunos repitieran “gilipollas”, una chica hasta se resbaló de la emoción. Y en “Violencia en acción” hubo un momento cómico cuando el cantante se vio obligado a cantar a viva voz porque el micro se lo había quedado una espectadora. Enorme.

“Cómeme la franja de Gaza” nos condujo con el acelerador pisado a tope hasta “Fuimos ikastoleros”, una de esas que no podía faltar, y “Pasao de rosca” no aminoró lo más mínimo el ritmo trepidante del concierto. Qué gustazo vivir un repertorio cargado de clásicos como “Cerveza sin alcohol” o “Nunca más volverás a aplaudir en un avión” donde no cabían pijadas del estilo de alargar canciones, como nos tratan de engañar tantos otros para evitar sudar la camiseta. Aquí desde luego se dejaban la piel en el escenario, o debajo en el caso de Aitor. Tienen que acabar reventados.

Lendakaris Muertos

“Donald Sutherland” nos conectó con ese oscuro pasado de la pandemia, algo totalmente pertinente con la cantidad de “Anacletos del espacio” que todavía pululan por las calles. Y en “Héroes de la clase obrera” su vocalista predicó con el ejemplo sumergiéndose entre la multitud para desparramar con ellos, más proletario imposible. En un momento dado incluso se perdió su rastro y luego apareció por una esquina para regresar al escenario.

Había que intimar con el respetable y por eso subió a las tablas un tipo con el traje luminoso que habían utilizado CGPP. Aitor, al verlo de esa guisa, exclamó: “¡Has venido con el vestido de la comunión!”. Y nada mejor para demostrar tolerancia que darse un beso en los morros con el invitado antes de “Besos gaztetxeros”.

Lendakaris Muertos

Sin dejarnos recuperar el aliento, “Veteranos de la kale borroka” desató de nuevo las gargantas, al igual que “Drogopropulsado”, que se convirtió en un karaoke masivo. El aire discotequero de “Húngara chúngara” puso a botar al personal y no cesó el entusiasmo con su himno “Gora España”, en la que hubo hasta un circle pit al final.

Preguntó Iván por los heavies de Bilbo y a ellos les dedicó “Satán”. Los cánticos de “Esto no va para nada de política” habían arreciado mucho antes de que se arrancaran con la épica “Urrusolo Sistiaga” y no faltó la típica contribución del respetable para recalcar que aquello “no va para nada de política”, aunque Aitor señalara a su término: “Bueno, un poco sí va, ¿no?”.

Se acordaron de los currelas de Tubacex antes de “ETA, deja alguna discoteca” y provocaron el delirio con “Modo Dios”. “Llegáis más alto que Carrero Blanco”, dijo Aitor ante el desmedido entusiasmo de la afición. Y “Oso panda” puso la guinda a un pastel sin desperdicio alguno, para rebañar hasta el final. Sonó el himno de la URSS y gritaron: “¡Viva Rusia, copón!”. Sin perder la sonrisa ni el halo políticamente incorrecto.

Como he dicho antes, fue una delicia reencontrarse con esta suerte de oasis musical en el que solo se alargan las canciones si la peña da pie a ello y que sigue tornándose imbatible en las distancias cortas. Normal que en estas circunstancias su poder de convocatoria no haya mermado en absoluto. Un vuelo de altura hasta lo más arriba.

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Crónica de Anthrax + Municipal Waste + Sworn Enemy en Londres: Eternos

Anthrax

Sábado tarde noche en Brixton, Londres, con ya la temperatura fresquita de otoño, pero que pronto subiría de grados centígrados como la espuma porque se presentía una noche verdaderamente apasionante y efervescente, de puro thrash metal, como hacía tiempo que no sucedía, ya que unos de los componentes de la liga de los grandes cuatro del género venía a tocar en el 02 Academy. Los muchos metaleros haciendo cola alrededor del recinto de casi cinco mil personas de capacidad servían como ejemplo de lo especial que era el esperado concierto de la gira del 40º aniversario de Anthrax, que llegaban con Municipal Waste y Sworn Enemy como teloneros.

Dicha liga de los cuatro máximos exponentes del thrash metal la integran Metallica, Megadeth, Slayer y los susodichos Anthrax, quienes tras anunciar que cancelaban la gira europea por problemas logísticos y financieros por el coste de la vida, como nos pasa a todo el mundo, sólo mantendrían la gira por tierras británicas con el consiguiente malestar de sus fans europeos, aunque no tenían prevista fecha en la tierra de piel de toro, privaban a los fieles fanáticos españoles de asistir a verlos. Una verdadera pena.

Tras tocar en siete ciudades del Reino Unido desembarcaban en Londres para finalizar dicha gira.  Después de su última visita a Europa de 2019, pandemia incluida, las huestes neoyorquinas asaltaban la madre patria para deleitarnos de nuevo.

Después de 32 años desde la última vez que presencié su concierto aquí en Londres, promocionando el álbum ‘Persistence of Time’ en 1990, les perdí la pista, pues tuve el placer (y percance) de conocer en persona al guitarrista y fundador del grupo, Scott Ian, en su otra cara no tan bonita, y desde entonces no fueron Anthrax santo de mi devoción, pero el transcurrir de tanto tiempo me permitía verlos de nuevo con la mente abierta y dispuesto a divertirme y dejar de lado mi resentimiento hacia él y su banda.

Para empezar a calentar el cotarro estaban los neoyorquinos Sworn Enemy, una mezcla de thrash y metalcore para abrir la velada donde tocaron un set de media hora con mucha agresividad y ritmo frenético, tema tras tema, de su repertorio de seis álbumes a sus espaldas. Con el cantante llevando la batuta, sin parar con su estilo gutural, y acompañados por el resto de la banda con una energía altísima, el recinto iba in crescendo en ebullición, con la complicidad de la gente que estaba haciendo un circle pit para moverse de lado a lado sin parar. Terminaron con su famoso “We Hate”, que no necesita traducción, y representa lo que es la banda: puro hardcore punk crossover.

Sworn Enemy

Gran aperitivo para empezar, y tras un receso corto para preparar el escenario para el siguiente acto que enloquecería más a la gente, teníamos a Municipal Waste, banda americana, de Virginia, con siete discos a sus espaldas, el más reciente publicado este año, ‘Electrified Brain’. Esta banda, catalogada como “Party thrash”, promociona su frenético estilo junto con su set de 45 minutos para impregnar su sello de fiesta thrash brutal y sin respiro.

Su cantante, Tony Foresta, alecciona a la gente a moverse en la fosa para hacer mosh y crowdsurfing, y casi todos asienten para disfrutar y pasarlo bien mientras sonaban canción una tras otra de su set, desde la inicial “Demoralizer”, siguiendo con “Unleash the Bastards”, hasta llegar, en lo que mi opinión fue la más fuerte y contundente de todas, a “Sadistic Magician”, con la que toda la banda logró subirlo al punto más álgido de la noche. Tocaron rápidos y cortos temas, que enlazaban entre de sí con mucha fuerza, sonido alto y cañero.

Municipal Waste

Finalizaron con los temas más habituales de ellos como “The Art of Partying” y “Born to Party”, que nos demuestran de la pasta que están hechos, pura adrenalina a raudales, energéticos, poderosos, diversión y fiesta sin parar hasta la última nota. Gran colofón para dejarnos listos para el éxtasis final de los grandes maestros que quedaban por tocar: Anthrax.

De nuevo teníamos un receso de 20 minutos para que prepararan las tablas para el acto final. Se apagan las luces y hay una tela blanca que ocupa todo el escenario. Con la gente expectante, empieza una intro en la pantalla de casi seis minutos de gente famosa comentando lo que significa para ellos la banda neoyorquina, desde el actor Keanu Reeves o Lady Gaga, hasta músicos de la escena metálica y rockera como Dave Mustaine (Megadeth), Slash (Guns N’ Roses), Corey Taylor (Slipknot), Gene Simmons (Kiss), Robert Trujillo (Metallica), K.K. Downing (KK’s Priest) etc., un sinfín de personas y un mensaje: “Scream for us”, “gritad para nosotros”.

Anthrax

Acto seguido veíamos el reflejo de dos integrantes, guitarrista y bajista, por la tela transparente y de repente comenzaba la primera tralla, concretamente “Among the Living”, tema homónimo de su tercer disco, para apabullar al personal, con su cantante, Joey Belladona, en plena forma, sin perder un ápice de su registro vocal, encauzando el tema a un ritmo frenético y conectando con el público con su micrófono para que siguiera al compás especialmente con el estribillo de la canción. Mientras, su hacha principal, Jonathan Donais, toca sus riffs imponentes a la vez que la base rítmica de la banda, con Charlie Benante en la batería siguiendo el ritmo sin sudar apenas, el bajista, Frank Bello, moviéndose por toda las tablas con su sonrisa simpatía habitual, y Scott Ian haciendo de las suyas, como siempre, moviéndose arriba y abajo como niño con zapatos nuevos y arengando al público.

Buen inicio de su actuación, que prosiguió con “Caught in a Mosh”. Más de lo mismo, y todo el mundo al hoyo de vuelta para hacer círculo y hacer girar la rueda de “Headbanging” y “Mosh”, con la gente levitando. Acto seguido nos presentan el tercer tema, contándonos que esto es una “Madhouse”, y precisamente es lo que es, un loquero, completamente un manicomio, con un montón de gente vibrando y haciendo olas en el centro del recinto, enfrente del escenario, sin pausa, pero todos enloquecidos.

Scott Ian aprovecha para dirigirse a la gente y proclamar que estamos allí para divertirnos, y que esto es nada más y nada menos que una fiesta de metal, para introducir “Metal Thrashing Mad”, con riffs electrizantes y rápidos, con Belladona erigiéndose con sus vocales agudas frente a los asistentes para que continuara la marcha.

Anthrax

El siguiente tema fue “Keep it in the Family”, del álbum ‘Persistence of Time’, de 1990, que aunque sonó bastante bien y el respetable lo aguantó como pudo, fue un poco de respiro después del gran comienzo, ya que fue lo más flojo de la noche y, sinceramente, creo que ellos lo notaron, y pasaron rápidamente a la siguiente canción, que se encargó Belladona de incitarnos para cantarla. Era su famosa versión de Trust, “Antisocial”, de su disco ‘State of Euphoria’ de 1988. Con este tema te enganchan de nuevo al redil como redención por el anterior, aún así se les perdona, y de vuelta Scott Ian coge el micro y nos cuenta la historia del próximo tema, el de un juez que también es el jurado y ejecutor para automáticamente todo el mundo al unísono gritar “I am the Law”, y de golpe y porrazo la gente empieza a bailar y hacer olas que rompen en la orilla de las barreras del escenario, donde se ubica la gente de seguridad que se encarga del bienestar de quienes llegan a la orilla mientras la banda sigue a su ritmo atronador.

Las luces se apaciguan y suena el repicar de unas campanas para el tema “In the End” como tributo a Ronnie James Dio y Dimebag Darrell (Pantera), que trae el punto emotivo al concierto con el consentimiento del público. Una canción diferente a lo habitual de ellos, con pasajes oscuros pero templado, con fuerza controlada.

Anthrax

A continuación, el cantante nos relata que el siguiente tema es muy especial para él porque fue su primera aportación al grupo cuando se unió a ellos con el disco ‘Spreading the Disease’, de 1985. Suena la conocida “Medusa”, gran ritmo y buenos riffs, con Belladona llevando la canción a buen puerto mientras sus integrantes se mueven de manera magistral sobre las tablas.

De nuevo al micrófono Scott Ian nos dice que la canción que viene tiene una palabra y dos sílabas, se trata de “Only” del disco ‘Sound of White Noise’, de 1993, que para mí de nuevo es un poco un bajón, pero que la banda la lleva con entereza hasta el final con el apoyo de la gente.

Para variar, Scott retoma el micro y nos comenta que estamos reunidos aquí sólo por una cosa, el heavy metal, y nos arenga para gritar “London, Bring the noise”, e inmediatamente suena la versión que los unió a Public Enemy, “Bring the Noise”, canción bien famosa con ritmo de hip hop del disco recopilatorio de 1991 ‘Attack of the Killers B’s’, y todo el mundo a botar otra vez al compás mientras Ian y Frank Bello comparten las vocales de la canción con diversión, y seguidamente empiezan a sonar las notas de otro temazo como “Indians”, otra canción del ‘Amongthe Living’, que es el disco que más han tocado durante el concierto, con gran despliegue de la banda y un sonido arrebatador.

Anthrax

Estamos llegando al final del bolo y tocan otra canción favorita de su repertorio, “Got the Time”, versión de Joe Jackson de 1990 incluida en ‘Persistence of Time’, y otra vez proclaman que no pare la fiesta y el público asiente con agrado para acabar con “Efilnikufesin (NFL)”, tema escogido cómo cierre final de una noche mágica y potente.

Agradecimientos al público y hasta la próxima, que me imagino será antes de su 50 aniversario, al que sencillamente seguro que llegarán con esa fuerza todavía latente y presente en ellos, y que yo los pueda ver y así enterrar el hacha por mi parte, porque la vida son dos días.

Anthrax es el puro ejemplo del género thrash metal, con grandes temas y energía a raudales, siendo capaz de hacerte vibrar en todo momento sin descanso. Son uno de los máximos exponentes de la escena mundial, y prueba de ello es que continúan al pie del cañón en su quinta década como banda tal y como la vida misma. Eternos.

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Entrevista a Soen: “Hay ideas buenas e ideas malas, no de derechas o de izquierdas, y hay que escoger lo mejor de cada bando”


Con sus intrigantes, oscuras, y agresivas (aunque a veces no tanto) melodías han conseguido hacer su propio hueco en el panorama internacional. Su música se ha caracterizado como metal progresivo, pero cuando uno escucha sus discos entiende que se trata de una banda difícilmente catalogable donde lo emocional prevalece por encima de cualquier etiqueta. Acaban de editar su quinto disco de estudio, ‘Imperial’, y es por eso por lo que Yorgos Goumas se pone en contacto con Martín López, batería y compositor de Soen.

Personalmente, aunque no hay muchos cambios estilísticos con respecto al anterior, ‘Lotus’, creo que sí parece que cuando os ponéis melódicos, sois muy melódicos, y cuando toca dar caña, pues dais y mucha…

“Exacto. Para conseguir esto, no solamente buscamos de manera consciente, este contraste entre las partes más melódicas y las más agresivas, sino que fue la producción y las mezclas finales que contribuyeron a eso. Es por eso porque elegimos a Kevin Churko (Ozzy Osbourne, Rob Zombie, Disturbed) para que hiciera las mezclas. Verás, la escuela norteamericana, por decirlo así, está más concentrada en las canciones que en los instrumentos. Es decir, si uno cree que un arreglo, un solo o un instrumento impiden que el tema o la voz o el riff principal suenen limpios o directos, entonces te dicen directamente que hay que prescindir de ellos o, por lo menos, cambiarlos. En Europa valoran al músico por encima de su música y por eso no suelen quitar, bajar o subir nada de la grabación original, así que el resultado final es más artístico pero menos potente. Yo estaba presente durante las mezclas a través del Zoom, y claro, antes de que él (Kevin) quitara algo, me consultaba a mí. La verdad es que cuando se quita un redoble de batería o unos acordes de guitarra al principio casi duele, pero cuando acabas escuchando el resultado final entiendes que estos “sacrificios” fueron para el bien del conjunto”.

Hablando de arreglos, en un par de temas aparece una sección de cuerdas también…

“Sí. Cuando queremos levantar el pie del acelerador y añadir más dinámica en el disco un par de temas más lentos vienen muy bien, y menos mal que contamos con Lars (Åhlund, guitarrista y teclista), quien es un buen arreglista también”.



Háblanos de tu faceta como compositor…

“Empecé a componer con trece o catorce años, y sólo fue cuando llegué a Opeth cuando tuve a dedicarme a tocar la batería puesto que se trataba de una banda ya hecha, con un estilo marcado y un compositor principal. Eso sí, Mikael (Åkerfeldt) pedía mi opinión y me dejaba dejar mi impronta personal en los temas. Entré en la banda con 19 años,  durante los siguientes diez años todo fue un aprendizaje tremendo, y obviamente es una época que me marcó para siempre. Cuando empecé con Soen mis composiciones tenían que pasar por la criba, digamos, del resto de la banda, sobre todo de la de Marcus (Jidell, guitarra). A partir del ‘Lotus’, cuando Marcus ya no estaba en la banda, ya todo quedaba entre Joel (Ekelof, vocalista) y yo, y es por eso por lo que creo que se trata de los dos discos más compactos y logrados de la banda”.

¿En qué genero te sientes más a gusto como compositor?

“En el que estoy con Soen. Unos lo llaman metal progresivo, pero yo lo llamo simplemente metal. Cuando quiero desconectar, puedo hacer cosas de death metal o metal de la vieja escuela, pero donde puedo dar lo mejor de mí mismo es justo con lo que hago con Soen”.

No conozco a muchas bandas donde el batería sea el compositor principal. ¿Cómo transmites tus ideas a tus compañeros? ¿Tocas más instrumentos aparte de la batería?

“Desde siempre he tocado la guitarra y el bajo, y en los últimos años también le doy a los teclados, así que las demos corren a mi cargo. De hecho, en los dos últimos discos de Soen, en algunos temas soy yo el que toque el bajo. Eso sí, no puedo tocar de pie, sino sentado” (risas).

Llama la atención el hecho que tanto los títulos de vuestros discos como los de vuestros temas son de una sola palabra…

“Siendo así de directos, nos parece una manera de atraer la curiosidad del oyente, de instigarle a investigar de qué va la temática del disco y de los temas”.

Hablando de temática, parece que en este disco, los temas sociopolíticos obtienen más peso aún que en los discos anteriores…

“Cuando uno se hace mayor y además tiene hijos a su cargo (ndr: Martin tiene cuatro hijos), es normal que empieza a mirar a su alrededor desde un punto de vista más crítico, más analítico, más incisivo, aparte de empezar a tener preguntas existenciales de manera más frecuente, o por lo menos esto pasa tanto conmigo como con Joel. De todos modos, creemos que la letra de un tema debería invitar a la reflexión y no la predicación; queremos que el oyente haga suyo un tema nuestro pero bajo su propia perspectiva y que el tema resuene a cada uno de una manera única e intransferible”.

¿Nos podrías decir en qué hechos o personas os habéis inspirado a la hora de confeccionar la temática del disco?

“Sí, pero no quiero (risas). No quiero porque sería como si estuviéramos eligiendo un lado en concreto dentro del panorama político, y eso desviaría la atención de lo que de verdad queremos hacer, que es que la gente de cualquier bando político reflexione por su cuenta. Vivimos en unos tiempos de máxima polarización y donde cualquier cosa que se expresa se puede sacar de contexto, tergiversar y usarla como arma arrojadiza. Ya sé que suena a utopía, hoy más que nunca, pero me gustaría que parara toda esta locura, que la gente se uniera, apartando sus diferencias, para trabajar para el bien común. Yo puede que haya elegido un partido político donde creo que mis ideas se ven reflejadas, pero no considero a los seguidores de los otros partidos como demonios que hay que erradicar. Hay ideas buenas e ideas malas, no hay ideas de derechas o de izquierdas, y hay que escoger lo mejor de cada bando. Yo antes participaba de manera activa en la política, pero posteriormente me di cuenta que no se puede confiar en los políticos. Basan su “negocio” en que te hagan ver que la persona de una ideología diferente es simplemente tu adversario que hay que vencer como sea; divida y vencerás”.

Contáis con nuevo bajista, el ucraniano Oleksii ‘Zlatoyar’ Kobel. ¿Cómo acabó formando parte de la banda?

“Fue a través de un amigo que me envió un video suyo tocando y me gustó su técnica. Me puse en contacto con él y resulta que era fan de la banda, así que cuando le pedí que se uniera a la banda, aceptó encantado. Desgraciadamente, a causa del COVID, no pudo venir a Suecia a grabar así que lo hizo desde Ucrania, igual que Cody (Ford, guitarrista, que es Canadiense) desde su país”.

En los créditos del disco hay varios nombres españoles como el del productor Iñaki Marconi, el del diseñador Enrique Zabala, del ingeniero David Castillo. Háblanos de ellos…

“Bueno, Iñaki es un chico uruguayo que ahora trabaja como productor e ingeniero de sonido en Suecia y ha trabajado principalmente con músicos suecos como Katatonia, pero también con Leprous o Carcass. Su labor como productor en los dos últimos discos nuestros ha marcado la diferencia también. Además, es nuestro tour manager, así que es como el quinto miembro de la banda. Enrique es otro amigo uruguayo de la infancia, David es medio sueco medio español, y trabajó con Joel y su voz como productor e ingeniero particular en algunos temas. También trabajó como asistente en el disco Ricardo Borjes, quien creo que es chileno”.

La pregunta de rigor es ¿cómo llevas esto del COVID a nivel personal y profesional?

“A nivel personal, afortunadamente tanto yo como mi familia gozamos de buena salud, pero obviamente desde el punto de vista profesional, la cosa está mal y es la primera vez desde mis 18 años (ndr: tiene 42 actualmente) que no puedo llevar a cabo mi profesión”.



En Suecia no hay tantas restricciones como en el resto de Europa, ¿verdad?

“Sí. Hace un mes las autoridades hicieron una recomendación para que la gente lleve la mascarilla en los entornos urbanos pero sin ser obligatorio. En los eventos deportivos creo que sí que hay restricciones con respecto al número de asistentes pero los conciertos sí que están prohibidos. La verdad es que tampoco importaba mucho imponer medidas de confinamiento estrictas porque los suecos, al contrario que los países latinos, no viven en la calle; su vida social se limita principalmente en su casa y en la de sus allegados”.

¿Y funcionó esta laxitud?

“La verdad es que no. La verdad es que sigue existiendo mucha confusión acerca de lo que hay que hacer, parece que las autoridades están improvisando y hay mucha confusión aún”.

Y ¿qué tal en Uruguay?

“Pues todo lo contrario: fuertes restricciones y bajo índice de infecciones”.

¿Tienes muchos familiares allí?

“Tengo a mi madre, a mi hermana, mis sobrinos, algunos primos; mi otra hermana está en EEUU, otros primos en Suiza… Mi familia está por todas partes” (risas).

¿Cuándo fue la última vez que estuviste en Uruguay?

“Hará unos diez años. El año pasado pensaba pasar un rato en Uruguay aprovechando la gira latinoamericana de Soen, pero tuvimos que suspenderla a causa del COVID. Las fechas se han movido para marzo de 2022 y como la gira termina precisamente en Montevideo espero poder quedarme un rato”.

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Mägo de Oz celebra la escucha anticipada de “Bandera negra” con fans

Foto: Ana C. Mejía

Los Cines Verdi de Madrid acogieron ayer, 9 de abril, la escucha anticipada de ‘Bandera negra’, disco de Mägo de Oz que llegará el 3 de septiembre, en un evento a través del que veinte seguidores de la formación de folk metal (junto a otros veinte integrantes del club de fans Stay Oz) pudieron disfrutar de este álbum cinco meses antes de su llegada a las tiendas.

Tras la reproducción de este LP y de la ronda de preguntas que la siguió, los allí presentes no dudaron en compartir sus impresiones acerca de este inminente ‘Bandera negra’: “Una auténtica pasada el disco, se nota toda la esencia de Mägo de Oz, en general un disco alegre, excepto alguna canción más sentimental, pero en líneas generales un disco muy elaborado en todos los aspecto, para mí el mayor cambio está en el sonido y la técnica de las guitarras. Necesito que llegue septiembre ya para volver a escucharlo”, aseguraba @dany_bikes.

Foto: Ana C. Mejía

@chris.adriaensen tampoco perdía la oportunidad de dar a conocer su crítica: “La escucha del disco ha sido espectacular. Un rato de auténtico Mägo, volviendo al de hace años y con increíbles himnos piratas. “Resacosix en pandemia” va a ser la canción de mi pandilla, estoy seguro. Qué necesaria es su música en estos tiempos”.

 

También publicaba su parecer @jon.basstard: ““Abrazos que curan” es lo que más hemos necesitado durante esta pandemia, muchos nos hemos sentido solos en este aislamiento y cada vez se está haciendo más largo. Fue una sorpresa ya que traía un aire esperanzador como “Hoy toca ser feliz”, pero sintiéndolo de todavía más cerca. La canción es muy animada y la letra hace que todo el mundo se sienta identificado con ella. Es la canción perfecta para cuándo necesitas un empujoncito y que alguien te diga que todo irá bien”.

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